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Una mirada más de cerca a la legalización de las drogas

Viernes 1 de junio de 2001 (27/05/05)
Narco News ver en narconews.com

Embajador estadounidense explota contra la legalización de drogas en México.
Discurso del embajador de Estados Unidos, Jeffrey Davidow,en la Universidad del Valle de México


Me da mucho gusto estar hoy con ustedes y tener la oportunidad de referirme al asunto de la legalización de las drogas, dentro del contexto de los retos que comparten nuestras dos grandes naciones.

Cada uno de nosotros ha escuchado a alguna otra persona decir, e incluso quizá haya pensado o dicho en alguna ocasión, que simplemente deberíamos legalizar las drogas, con el fin de que la sociedad ya no estuviera agobiada por el problema de hacer frente a los narcotraficantes. Precisamente porque puede aumentar en el futuro la credibilidad de esta posición y también porque respeto el papel de todos ustedes como importantes líderes de opinión, en especial entre los jóvenes, quiero abordar este tema.

A medida que analizo los argumentos en pro de la legalización de las drogas, encuentro dos líneas de pensamiento que la justifican. En primer lugar, está el argumento filosófico de que el gobierno no tiene derecho de decir a los ciudadanos cómo deben conducir su vida privada. En segundo lugar, se encuentra la aseveración de que si se pudieran obtener las drogas de manera legal, causarían menor daño a la sociedad que el número de actos delictivos que se relacionan con el comercio de los narcóticos.

Ambos razonamientos me parecen muy débiles e ignoran hechos y principios básicos.

El punto de vista libertario, sostiene que el gobierno no tiene la autoridad de evitar que las personas se dañen a sí mismas. Por lo tanto, si alguien eligiera utilizar drogas, suicidarse, conducir un vehículo sin haberse puesto el cinturón de seguridad, o simplemente se rehusara a andar vestido en público, habría tomado decisiones personales que no deberían ser reglamentadas por el estado. Se trata de un razonamiento muy atractivo, especialmente en sociedades como la estadounidense, que han exaltado el papel de la libertad personal.

Sin embargo, la mayoría de las sociedades reconocen que la autoridad del gobierno conlleva la responsabilidad de promover y preservar códigos de conducta aceptados. Aunque debe permitirse a los individuos la libertad máxima, los intereses mayores de la sociedad - ya sean la seguridad en las carreteras o el compromiso ético de proteger la vida humana - deben tomarse en consideración. En un nivel práctico, también debemos reconocer que puede usarse mal la libertad absoluta. Yo mismo podría tener un diferente punto de vista con respecto al derecho de Sócrates a beber la cicuta, del que sostengo en cuanto a cuán sabio sería permitir que los adolescentes de 12 años de edad pudieran adquirir bebidas alcohólicas.

Si estoy dispuesto a luchar hasta las últimas consecuencias para proteger a mis hijos y evitar que se conviertan en drogadictos, también debo tener la misma disposición para ayudar a evitar que el hijo de otra persona se convierta en drogadicto. Una sociedad que adopta la posición de que debe permitirse que los que quieran suicidarse usando drogas lo hagan, ha perdido mucho más que la batalla contra las drogas ilícitas - ha perdido su propio sentido moral.

El argumento filosófico no es el que más utilizan quienes apoyan la legalización de las drogas. Un razonamiento más común es que el costo para la sociedad al tratar de controlar el comercio de las drogas ilegales es mayor que cualquier beneficio que se derive de tales esfuerzos. Me parece que aceptar este argumento implica haber ignorado en primer lugar algunas realidades. La primera y fundamental es el daño profundo que las drogas causan a las personas que las usan. Los narcóticos son ilegales por el daño que causan, no causan daño porque sean ilegales.

Veamos ahora con más detenimiento algunos de los elementos básicos de este tema.

El mercado negro de las drogas persistiría incluso con la legalización.

La legalización se presenta con frecuencia como un argumento abstracto, sin haber analizado con seriedad las áreas de debate subsecuentes. ¿Qué es lo que debe legalizarse? ¿Tan sólo la mariguana? ¿La mariguana y la heroína? ¿Todas las drogas? ¿Para qué edades? ¿Quién vendería las drogas - el gobierno o empresas privadas? ¿Quién será responsable por los costos sociales del uso de las drogas? Recordemos que la existencia de un mercado negro depende en gran parte de los parámetros que determinan el uso legal. Por lo tanto, si sólo se legalizara la mariguana, los narcotraficantes continuarían su comercio ilegal de heroína y cocaína; si el uso de drogas fuera legal para los mayores de 18 años, los narcotraficantes tratarían de venderlas a los menores de 18 años.

El consumo de drogas aumentaría con la legalización.

Un elemento fundamental del debate sobre la legalización es la afirmación de que el consumo de las drogas y la drogadicción no aumentarían si se legalizaran. Esto es evidentemente falso. El consumo de bebidas alcohólicas aumentó de manera importante después de que se abolió la prohibición de las mismas en los EUA. Vivimos en un mundo de adicciones. El número de adictos a la nicotina y al alcohol en mi país se cuenta en decenas de millones. ¿Acaso alguna persona cree con seriedad que el acceso más libre a las drogas sin ninguna amenaza de sanción o castigo tendría como consecuencua una baja en el número de personas que usan drogas? No lo pienso así. En México está aumentando de forma drámática el consumo de drogas, aunque por supuesto no está aún al nivel de los Estados Unidos. ¿Acaso alguna persona seria quiere hacer más fácil que los jóvenes obtengan drogas? No creo que así sea. Sin embargo, éste sería el resultado inevitable de la legalización.

Los programas de legalización han tenido consequencias no deseadas.

Otra falacia en cuanto a los argumentos en pro de la legalización es la idea de que los programas de descriminalizar han tenido éxito en otras naciones. Las leyes liberales de Holanda en cuanto a las drogas son tema de amplia discusión en los medios informativos. No obstante, lo que no se conoce ampliamente es el hecho de que ese país, cuyo tamaño es un poco menor que el estado de Jalisco, tiene más de 50 clínicas que proporcionan metadona a los adictos a la heroína, y que quienes abusan de las drogas constituyen un gran porcentaje de los reos en las cárceles holandesas. Es más, el número de personas que usan mariguana ha aumentado en ese país desde que se discriminalizó su uso.

Inglaterra puso fin a su experimento de una década con respecto a proporcionar heroína a los adictos, al ver que su número aumentaba. Suiza tuvo una experiencia similar. Después de que liberalizó el uso y venta de drogas en una parte de la ciudad de Zurich llamada "Parque de las agujas", atrajo drogadictos de toda Europa. Las autoridades suizas clausuraron finalmente el parque en 1992, despés de que se registró un aumento de violencia y muertes. Se calculaba entonces que el número de usuarios de drogas había aumentado de unos cuantos cientos hasta 20,000. Un poco de tolerancia hacia las drogas trae a muchos visitantes no deseados.

La legalización crearía altos costos fiscales para los gobiernos.

Quienes están a favor de la legalización también presentan un razonamiento simple y engañoso en cuanto a que los recursos gastados en controlar las drogas se emplearían mejor en la educación , la infraestructura y otras prioridades nacionales. Algunos han sugerido incluso que los gobiernos deberían aprovechar los grandes ingresos fiscales que provendrían de legalizar las drogas. Pero estas personas no toman en consideración que el abuso de las drogas reduciría la productividad y, a la larga, afectaría la base gravable. Tampoco consideran los costos de poner en vigor normas relativas a la seguridad de las drogas ni la carga a largo plazo en el sistema de salud. Tampoco toman en cuenta los costos financieros relacionados con el abuso conyugal o de los hijos, la incapacidad para trabajar, el alto índice de deserción escolar y la irresponsabilidad general que conlleva el uso de las drogas.

La drogadicción conduce al delito.

De manera más importante, quienes favorecen la legalización de las drogas ignoran las consecuencias sociales devastadoras que ésta ocasionaría. El Departamento de Justicia de los Estados Unidos puede dar testimonios del hecho de que el uso de las drogas, en especial la cocaína, el crack, las metamfetamines y el PCP (polvo de ángel), altera el comportamiento y contribuye a la delincuencia. En 1999, 74 por ciento de los presos en la ciudad de Nueva York dieron resultado positivo en un examen de uso de drogas cuando fueron arrestados. Los delitos, como sabemos, afectan el tejido moral de la sociedad y debilitan las instituciones democráticas.

Victorias en la reducción de la demanda de drogas.

Una pecepción errónea que promueven los que apoyan la legalización de las drogas es que la política actual acerca de las drogas está fracasando y simplemente no funciona. Sin embargo, el hecho es que actualmente el uso de las drogas ha disminuido considerablemente en los Estados Unidos durante los últimos 20 años. En 1979, 25 millones de estadounidenses - o sea, el 14.1 por ciento de la población mayor de 12 años y el nivel más alto que se haya registrado jamás - había usado drogas ilícitas por lo menos una vez en el mes anterior a la fecha en que se realizó la encuesta. En 1999, la Encuesta Nacional de Hogares sobre las Drogas (National Household Survey on Drugs) encontró que alrededor de 14.8 millones de estadounidenses, o sea, el 7 por ciento de la población, había usado drogas recientemente. En otras palabras, el número de estadounidenses que usan drogas se redujo casi en un 50 por ciento en el transcurso de las últimas dos décadas. El informe más reciente de las Naciones Unidas sobre drogas ilícitas también indica que el consumo de drogas en los Estados Unidos se ha reducido desde 1985.

Con lo anterior no quiero decir que no debamos hacer más para reducir el consumo de drogas. El Secretario de Estado Colin Powell ha reconocido que la demanda de drogas es el principal factor responsable del comercio mundial de drogas. Por esta razón, dijo, "debemos asegurarnos que estamos atacando la demanda y apoyando el tratamiento de este horrendo problema". Además, el problema del consumo de drogas está afectando crecientemente a más naciones, incluido México. ¿Queremos realmente empeorar la situación mediante la legalización de las drogas?

Finalmente, debemos reconocer que gran parte del flirteo con el concepto de la legalización se origina en un gran sentimiento de frustración, un sentimiento de que hemos perdido una guerra y simplemente debemos proclamar la derrota. No hemos ganado la guerra contra las drogas, pero tampoco la hemos perdido. De hecho, rechazo el uso del término "guerra" porque todas las guerras tienen un final, y la lucha contra las drogas bien pudiera no tenerlo. Podríamos estar luchando contra el comercio de las drogas ilícitas durante mucho tiempo en el futuro, al igual que lo hacemos contra otras clases de crímenes.

Sin embargo, el peso del reto que afrontamos no debe desanimarnos ni conducirnos a soluciones falsas. En verdad podemos avanzar, y lo hemos hecho. Pero no podemos perder la determinación de luchar. Los costos que pagaríamos por conformistas y resignados serían demasiado altos; se medirían con base en la declinación de nuestras culturas y se contarían de acuerdo con el número de vidas destruidas.

Los que tenemos que ver con la educación de nuestras sociedades no podemos rendirnos.


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