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Heroína: el sueño dorado de dos países :: Drogas México
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Shaila Rosagel

La guerra contra las drogas fracasó: México ante la ONU; 29 mil mdd se lav
Heroína: el sueño dorado de dos países
El debate sobre las drogas da un paso adelante


Si los 27 mil millones de dólares que los estadunidenses ocupan en el consumo “crónico” de heroína se ocupara en otras cosas, por ejemplo, en la agricultura mundial, se estaría a un paso de revertir el hambre en el mundo. ¿Marihuana? La primera economía del mundo fuma tanta hierba que su equivalente...
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Heroína: el sueño dorado de dos países

Humberto Padgett

Jueves 18 de septiembre de 2014 (18/09/14)
Shaila Rosagel ver en sinembargo.mx






Si los 27 mil millones de dólares que los estadunidenses ocupan en el consumo “crónico” de heroína se ocupara en otras cosas, por ejemplo, en la agricultura mundial, se estaría a un paso de revertir el hambre en el mundo. ¿Marihuana? La primera economía del mundo fuma tanta hierba que su equivalente en dinero bastaría para construir tres aeropuertos como los presumidos en proyecto por el gobierno de Enrique Peña Nieto. Y México, no sobra recordar, es el primer exportador de cannabis a su vecino del norte.

Los estadunidenses gastan de sus bolsillos seis veces y media lo que todo el gobierno mexicano ocupará este año en la Cruzada contra el Hambre con la intención de disminuir las brechas de desigualdad y las condiciones de pobreza de más de 52 millones y de miseria de 10 millones de mexicanos. Asomarse a la economía de las drogas permite ver la desigualdad mundial desde otra perspectiva, una que muestra el antivalor agregado del sufrimiento de quienes se internan en ellas para no volver, algo frecuente cuando se le abren las venas a la heroína. Ahí está la historia de un muchacho del Distrito Federal llamado El Pepino, quien sufre de la adormidera sin jamás haberse inyectado una dosis.

El Chinos se asegura que la puerta quede bien cerrada y enciende el televisor. Sintoniza el Canal 5, se asegura que aparezcan las caricaturas, sube el volumen del aparato y se desparrama sobre el colchón. El hombre calienta una solución de agua y polvo pardo. Se sujeta el brazo con una agujeta anudada a manera de cuerda para horca justo arriba del codo y golpea con la mano libre la cara interna del codo atrapado. Antes entregó un cuaderno y crayolas a su pequeño hijo, a quien todavía la vida no apoda El Pepino. Por esos días, el niño, de unos seis o siete años, ya había estado en prisión por primera vez. En la cárcel, su madre le regaló globos metálicos rellenos de hule espuma. Lo abrazó y se despidieron. La miró desaparecer tras el portón metálico. Así entendió la vida en la cárcel durante las siguientes ocasiones en que la mujer, empeñada en robar cosas sin valor, regresaba al reclusorio hasta completar nueve estancias. Al tercer ingreso de la mujer, El Pepino se quedó atrás de la aduana. El niño debía mostrar una credencial escolar, pero desde entonces ya no estudiaba. En adelante hablaron a través de un teléfono celular que ella ocultaba en su celda. Después de que también cesaron los telefonazos, la mujer quedó en el abandono y la infancia del Pepino continuó con su padre, El Chinos, un ladrón de poca monta por los rumbos del Monumento a la Revolución.

El hombre hacía lo que entendía por paternidad. Llenaba las manos del niño con morralla para las maquinitas y le compraba queso Oaxaca, cuyo recuerdo hace sonreír al muchacho de pelo tan erizado que ocasionaría un conflicto de identidad a un puercoespín. El recuerdo del Pepino sigue: su mano es tomada por El Chinos al subir a un microbús que se detiene frente a un hotel con olor a insecticida en que viven. Suben a la habitación. El Chinos se deja caer en la cama y resopla con el mismo alivio de un montañista cuando llega al refugio de media montaña en medio de una tormenta de nieve. Esculca un cajón, toma el cuaderno y los lápices de cera. Tiembla. Entrega los materiales de dibujo su hijo y enciende la televisión, el Canal 5. Aparecen los dibujos animados y El Chinos de desploma en la cama. Busca una vena más o menos recuperada, alguna que muestre el redondel con menor amenaza de volverse un volcancito de pus. Hunde la hipodérmica. –No me veas, no me veas –urge al niño antes de ser una hoja que se desprende del árbol y zigzaguea en el viento hacia el suelo.

EL MAR DE LA PLATA

De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura [FAO], el mundo “sólo” requiere de 30 mil millones de dólares al año para “erradicar la amenaza del hambre”. Con ese dinero, según el organismo internacional, se podría relanzar la agricultura y evitar riesgos futuros de conflictos generados por la carestía de alimentos. En febrero de 2014, la Oficina de la Casa Blanca sobre Políticas de Control de Drogas publicó el informe Los que Estados Unidos gasta en drogas ilegales: 2000-2010, una investigación estadística basada en consumo conocido y sus tendencias, las incautaciones hechas sobre diferentes drogas y el valor callejero de las sustancias prohibidas.

La investigación arrojó que los estadunidenses consumieron en 2010 una cantidad de heroína que, convertida en dinero, oscila entre 15 mil y 45 mil millones de dólares con una estimación media de 27 mil millones de dólares. En otras palabras: casi la cantidad requerida por la FAO a los líderes del mundo para revertir las condiciones que tienen en el hambre a unas mil millones de personas. El consumo de la heroína, establece el documento, se mantuvo estable hasta fines de la década pasada, cuando comenzó a observarse un incremento. La mayoría de la adormidera consumida en Estados Unidos se origina en los cultivos de amapola de México y Colombia. Los demás números del reporte muestran la imagen del uso de drogas en Estados Unidos. Los consumidores de la aún primera economía del mundo gastan unos 109 mil millones de dólares anuales en cocaína, heroína, metanfetaminas y marihuana. El reporte no ofrece datos de sustancias de prescripción médica ni otras sustancias naturales o sintéticas también utilizadas con propósitos recreativos o de necesidad asociada a la adicción. Las cifras se calculan en función de los usuarios que, desde el criterio de las autoridades sanitarias, tienen problemas de continencia pues consumen la droga al menos durante cuatro días al mes. Resulta difícil decir a que equivalen 100 mil millones de dólares. Se puede decir que no existe ninguna fortuna familiar o personal en el mundo que se acerque a esa cantidad. O que, durante 2014, la Cruzada Nacional contra el Hambre, programa social insignia de la actual administración federal mexicana, ejercerá un presupuesto de 15 mil 300 millones de dólares a través de un fondo recurrente de 70 programas federales. Su propósito es impulsar acciones encaminadas a superar la pobreza extrema alimentaria en el país. [Nótese que la FAO sólo sugiere el doble de este gasto para atender el mismo tema, pero en todo el mundo]. Es decir, los estadunidenses gastan de sus bolsillos seis veces y media lo que todo el gobierno mexicano ocupará en su intención de disminuir las brechas de desigualdad y las condiciones de pobreza de más de 52 millones de mexicanos y de miseria de 10 millones de hambrientos de los veintitantos a los que alcanzará el programa este año.

El Producto Interno Bruto de Afganistán, primer productor mundial de heroína con la elaboración de nueve de cada 10 kilos de heroína que se consume en el mundo, fue de 20 mil millones de dólares, según datos del Fondo Monetario Internacional. El número es claramente inferior al desembolso realizado por los estadounidenses en esa droga. La totalidad de la economía boliviana, uno de los tres productores de cocaína, fue de 29 mil 802 millones de dólares en 2013, cifra ligeramente superior al monto gastado por los usuarios de ese alcaloide en Estados Unidos. El gasto de los estadunidenses en metanfetaminas es de 13 mil millones de dólares, dinero mayor al PIB por separado de Albania, Kosovo, Macedonia o Montenegro, en el sureste europeo, una de las principales zonas de producción de drogas sintéticas. Esta misma cantidad de dinero supera las economías individuales de los 54 países más pobres del mundo, incluidos los que concentran las mayores tasas de hambre en África y América Latina, como Sierra Leona y Haití.

Para ponerlo en el contexto mexicano nuevamente, los estadunidenses fuman tanta marihuana que con la plata que se propaga por sus pulmones y se diluye en la atmósfera se podrían construir tres aeropuertos como el proyectado por el gobierno mexicano y presumido como obra cumbre de la administración de Enrique Peña Nieto. Mientras un consumidor empedernido de cocaína en Estados Unidos gasta 1 mil 737 dólares mensuales en el alcaloide, un trabajador asalariado con el mínimo en Bolivia, país de posible procedencia de la sustancia que utiliza aquél, gana 206 dólares al mes, casi ocho veces y media menos. Por su parte, el documento La Economía del Narcotráfico, elaborado con otra metodología por la Organización de Estados Americanos y presentado a fines de 2013, ofrece un buen punto de vista: los mayoristas y los narcotraficantes que llevan las drogas por los países de tránsito representan entre el 20 por ciento y el 25 por ciento de los ingresos, mientras que poco menos del 1 por ciento del total de ventas al por menor llega a los cultivadores en la región andina. Michoacán es uno de los principales estados mexicanos productores y exportadores de marihuana a Estados Unidos. Este 2014 ejerce un presupuesto público de 4 mil 433 millones de dólares [incluidos todos los gastos relacionados con justicia, derechos humanos, legislación, educación, etcétera]. En Estados Unidos, quienes fuman marihuana no sólo de Michoacán, sino de cualquier otro sitio, gastan casi 10 veces más que la entidad mexicana en llamas por la violencia generada por los narcotraficantes que luchan por el monopolio de enviar no sólo marihuana, sino también heroína y metanfetaminas al norte.

Su empoderamiento, nacido exclusivamente de la siembra de cannabis a fines de los cincuenta, los ha llevado a la propagación de las industrias del secuestro, la extorsión, el tráfico de personas y el control de actividades económicas más legales, como el aguacate, cuyo principal comprador es, otra vez, Estados Unidos.
[Fragmento]

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