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Criminalización no, medicalización sí
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Es tiempo de que México use la autoridad moral que le confieren sus casi 100 mil muertos y sus 22 mil desaparecidos para despenalizar las drogas –me refiero a todas las drogas– e invertir mejor en su medicalización. Lee uno la prensa y no hacen más que aparecer las fosas. Fosas, y más fosas....
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Criminalización no, medicalización sí

Claudio Lomnitz

Miércoles 26 de noviembre de 2014 (26/11/14)
La jornada ver en jornada.unam.mx






Es tiempo de que México use la autoridad moral que le confieren sus casi 100 mil muertos y sus 22 mil desaparecidos para despenalizar las drogas –me refiero a todas las drogas– e invertir mejor en su medicalización.

Lee uno la prensa y no hacen más que aparecer las fosas. Fosas, y más fosas. Realmente, ¿hasta cuando va a seguir esto así?

Hace unas semanas el comisionado nacional contra las adicciones, doctor Manuel Mondragón y Kalb, dio entrevista a El Universal y dijo que se opone a la legalización de la mariguana, pues no quiere que México se convierta en un país mariguanero.

Esta clase de declaración oficial tendría que venir precedida de un estudio médico y económico serio –que no ha habido– donde se comparen los males que ha traído la guerra contra el narco con los males que traería la despenalización, aunada con una política de medicalización en algunos casos, no ya sólo de la mariguana, sino de todas las drogas. México tiene ya derecho ganado a una discusión pública, informada y seria sobre este tema.

Si la heroína, que es una de las drogas más dañinas, hubiese sido despenalizada en 2006, junto con la cocaína, las metanfetaminas y la mariguana, ¿habría producido 100 mil muertos, 22 mil desaparecidos, una crisis de gobernabilidad mayúscula? ¿Habría generado un gasto militar y policial de tamaño todavía desconocido, y un daño al tejido social y económico del tamaño de lo que ha generado su criminalización? La pregunta amerita un debate de verdad, con lujo de números y cálculos de costo.

Entiendo que el doctor Mondragón no se entusiasme con la idea de tener un país mariguanero. A mí tampoco me encantaría tenerlo, la verdad. Como tampoco me encanta que exista un país con números elevados de chemos y de alcohólicos (¡y vaya que los hay!). Sin embargo, pese a los estragos terribles causados por esas dos sustancias, la venta de alcohol y de cemento no está criminalizada, y sus efectos en la sociedad no parecen compararse a lo que la sociedad resiente hoy, por haberse plegado a una política insostenible de criminalización de otras sustancias.

Hay en las declaraciones del doctor Mondragón los miedos usuales de cualquier ciudadano –o de cualquier médico– a la proliferación de sustancias que alteran la conciencia y que afectan el desempeño normal de actividades. Entiendo –aunque no comparto– la fobia a tener un país mariguanero. Y entiendo más todavía el miedo a tener un país cocainómano, u heroinómano.

Pero ya es hora de preguntarse si no hay formas de combatir la adicción a esas sustancias que sean menos dañinas para la sociedad como un todo, que afecten menos a terceros, que sean más humanas, menos caras y menos brutales que la criminalización. ¿Cuántos hospitales se podrían pagar con el presupuesto que se gasta para blindar policías y ejércitos? ¿Cuántos programas de punta podrían haber para el tratamiento de adicciones? ¿Cuántas políticas de educación en salud?

Y si esas políticas públicas fallaran un poco al principio, si tardaran algunos años en conseguir un buen nivel de éxito, ¿serían los efectos de esas fallas comparables a la pérdida de vida, la proliferación del crimen y la extensión del poder de las mafias a todas las áreas de la economía, que vemos en las principales zonas de narcotráfico? Si fuesen legales las drogas en México, se habrían espantado tanto los inversionistas nacionales y extranjeros como se han espantado ya por la inseguridad en México?

Esta pregunta merece análisis detallados y serios que hasta ahora no se han hecho –o no se han hecho públicos–, porque se parte siempre de que la democracia mexicana tiene temas tabú; temas que no se pueden discutir porque se enojarían demasiado los estadunidenses, o porque se enojaría demasiado la comunidad internacional. Se entiende este problema –es muy, muy real–, pero hoy México tiene decenas de miles de muertos que puede presentarle a la comunidad internacional como una factura –porque ha sido el precio que ha tenido que pagar la sociedad mexicana por la criminalización de las drogas. Y es un precio desproporcionado. Y se paga por adhesión a una serie de políticas que nunca han sido discutidas democráticamente, ni sometidas a deliberación y debate, más allá de los miedos y prejuicios que siempre circulan.

El consumo de azúcar en México ha causado estragos a escala de salud pública que seguramente sean peores que las que pueda causar la despenalización –sumada a una política de medicalización– de las drogas. La epidemia de diabetes y obesidad en México causa más muertes que toda la heroína, mariguana, metanfetamina y la cocaína juntas, pero a nadie se le ocurre penalizar el comercio del azúcar. A nadie se le ocurre penalizar el comercio del alcohol, por más conocida que sea la terrible y larga historia del alcoholismo en México.

Si la preocupación por la salud pública fuese genuina, México tendría hoy un debate abierto –con números y estudios– de los costos comparados de la despenalización versus la criminalización de las drogas en la salud de los mexicanos.

El tema de las drogas es un ejemplo, hoy, de falta de democracia. México ha pagado demasiado cara la política de penalización. Es hora de discutir alternativas.

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Jonás Sartre :
Hay Claudio no me ayudes!!!Hace unos días Claudio Lomnitz escribía sobre la permanencia de las antropologías en los discursos hegemónicos del México contemporáneo en un interesante artículo en la Revista Nexos , en el se describe y cuestiona el proyecto original de las "antropologías mexicanas" durante su época de oro y su desemboque en las antropologías culturales de principios de los 90, decía Lomnitz que a partir de los años 80 la economía y ciencia política habían sido las "ciencias" que acompañaban al poder, que lo ayudaban a explicarse y que además fungían como legitimadores del proyecto, en el artículo señala que incluso las universidades y centros de investigación mas prestigiosos del país habían abandonado o carecían de un departamento de antropología, será pues ¿por que los antropológos entienden todo y nada a la vez?El día de hoy leyendo su columa en la jornada, me sorprende su visión, si bien pareciera por un lado "conminar" a una regulación de las drogas para transitar hacia un mejor estadio de sociedad, la verdad es que sus argumentos son débiles, repetitivos y poco propositivos: por ejemplo pensar en su premisa usuario de drogas=enfermedad es equívoca, pues es uno de los principales argumentos empleados por la UNODC para instaurar sistemas penalizadores alternativos como las "cortes de drogas", donde de facto se crea un sistema judicial aparte que juzga primo delincuentes que han cometido delitos de "bajo impacto" bajo el "influjo" de alguna droga, en este sentido es un absurdo los delitos son delitos, estando ebrio o no.Proponer un esquema de "medicalización" solo promete la instauración de un sistema hipócrita que si bien pareciera "benigno", es lobo con piel de oveja, pues para empezar se mantiene el status quo, y se sigue extendiendo la idea de que todos los usarios son "adictos", una especie de descerebrados menores de edad que no pueden decidir por ellos mismos y que el estado debe apoyarlos. Por eso hoy digo Claudio no me ayudes!!!Por cierto no estoy enfermo andaba de parranda, es por eso que le preguntaría a Lomnitz, ¿acaso una buena manera de reinstalar en el semillero de las políticas publicas a la antropología, no sería utilizar su reconocimiento y prestigio para proponer sistemas de base comunitaria que respondan a necesidades básicas? Y exentar las opiniones personales. La primera podría ser promover el autocultivo para usuarios de cannabis, o para los productores de amapola encontrar sistemas de cambio de cultivos ilícitos a proyectos sustentables, para los pequeños traficantes encontrar esquemas de integración social y económica a la comunidad, transitar de la informalidad a la formalidad. No basta con "no preocuparse por tener un "pais marihuanero" sería suficiente con no repetir esquemas, que si bien el modelo de la mariguana medicinal suena alentador, sería muy poca la población beneficiada, por otra parte está el verdadero tema del acceso medico en la cual México está en una posición triste pues a pesar de ser un principal productor de opiáceos, los pacientes que tienen dolores graves no pueden accesar a terapias con morfina por temor de los médicos a prescribirla. Eso si es un caso médico pero, un chavo que se da un toque o una raya, no lo es y encasillarlo ahí es un error.El debate está en la mesa y los actores lanzan sus fichas. Escribía Godelier en un artículo clásico que <<la antropología no estaba en crisis sino eran los antropólogos los que estaban en crisis>> y se nota.
26/11/2014 | 18:51
en Criminalización no, medicalización sí
   
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