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Etcétera

Legalización de las drogas: un debate a medias
La prohibición de las drogas a quién beneficia?
MARIGUANA. Sí y no a la legalización en Europa


N371 Marzo 2000 "La guerra contra las drogas... es la mayor irracionalidad de la política estadounidense... irracional por sus premisas legales y morales, por lo que cuesta y por sus consecuencias sociales e institucionales". Habla nada menos que Milton Friedman, el Premio Nobel de Economía, y uno de los indiscutibles gurús neoliberales.  Don...
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La prohibición de las drogas a quién beneficia?

Ricardo Becerra

Jueves 9 de marzo de 2000 (15/08/05)
Etcétera N371 Marzo 2000



"La guerra contra las drogas... es la mayor irracionalidad de la política estadounidense... irracional por sus premisas legales y morales, por lo que cuesta y por sus consecuencias sociales e institucionales". Habla nada menos que Milton Friedman, el Premio Nobel de Economía, y uno de los indiscutibles gurús neoliberales.

 

 

Don José M. Suárez Mier lo informó en El Economista (1/III/2000). Fue en una conferencia realizada a finales de febrero en Alamo, Sonora. El Premio Nobel de Economía defendió sus tesis con el filósofo James Q. Wilson y desarrolló su posición en varios puntos que es necesario repetir, pues se trata de un lúcido alegato —desde una racionalidad económica— en favor de la legalización de las drogas.

 

El llamado de Friedman tuvo el tono imperativo que merece un problema de enormes proporciones. Está seguro que se trata de una "guerra inútil, costosa y sin salida". El economista convoca a las sociedades mexicana y estadounidense para hacer un balance serio del asunto, pues ya no estamos ante "escenarios prospectivos" o meras hipótesis, sino ante acciones, leyes, políticas con efectos reales, mensurables, que están a la vista.

 

Nos encontramos ante los resultados de un combate al narcotráfico que lleva ya casi 30 años (cuando en 1972, Richard Nixon le declaró la guerra a las drogas). Los recursos invertidos en esa guerra son inmensos y cada vez mayores (un ejemplo: 20 mil personas han estado implicadas en las operaciones de vigilancia y cerco fronterizo realizadas por la administración de Zedillo, más personas que en los programas contra la pobreza) y no hay indicios de que el fenómeno ceda, antes bien su capacidad corrosiva se intensifica.

 

Friedman propone salir de la "irracionalidad y del prejuicio" y ofrece varios razonamientos: el delito de consumir droga es muy difícil de detectar; la víctima del delito es la misma persona que lo ejecuta. En otras palabras, a diferencia de todos los demás "crímenes", en éste no hay incentivos para denunciarlo.

 

En segundo lugar, Friedman calcula que más de 60% de los estadounidenses encarcelados violó alguna ley vigente en materia de estupefacientes. Y lo que es más, desde 1972 se ha encarcelado a más de 300 mil estadounidenses por tráfico o delitos relacionados con él. Curiosamente, tres cuartas partes de estos reos son negros. Así que no sólo es una ley condenada a ser violada sin remedio sino que, además, su aplicación resulta racista.

 

En tercer lugar, justamente porque el consumo está codificado como un delito, los adictos muestran grandes reservas para exponerse y someterse a tratamientos médicos.

 

Y, finalmente: la destrucción institucional que genera en países como México, Colombia y aun en Estados Unidos. La cauda de corrupción asociada al narcotráfico corroe más que ningún otro fenómeno el funcionamiento de los Estados. Ni siquiera las tremendas crisis financieras han causado tantos daños a las instituciones. Friedman no se anduvo por las ramas: los gobiernos de EU, con recursos siempre crecientes, han sido incapaces de eliminar o siquiera controlar el mercado de drogas en su propio territorio, sus leyes son violadas con más frecuencia que en ninguna otra nación, ¿con qué calidad política, moral o prestigio pueden abrogarse la potestad de sancionar a otros países?

 

Este debería ser un tema obligado de la campaña electoral: ¿qué vamos a hacer frente a las drogas, con su producción, tráfico y consumo? Tere Vale —candidata al gobierno del DF por Democracia Social— ya lo propuso al arranque de su campaña: mirar el fenómeno sin hipocresía, legalizar, para abaratar, quebrar así los enormes negocios y controlar su circulación.

 

Al inicio de su ponencia Friedman lanzó una pregunta central, en clave de buen economista: ¿a quién beneficia la prohibición de las drogas? Obviamente a los narcotraficantes, que por el solo hecho jurídico de la prohibición multiplican sus utilidades. Se benefician los órganos encargados de combatir la plaga (la DEA es un ejemplo claro), que absorben para sí pingües recursos presupuestales; pero también las redes de corrupción a lo largo de toda la trama gubernamental: las autoridades fronterizas, las policías, ejércitos y, por supuesto, políticos y funcionarios públicos de todo tamaño y color.

 

Después de casi 30 años la conclusión es inequívoca: la prohibición a las drogas beneficia precisamente a aquellos a quien pretende combatir

 

Ricardo Becerra estudió Economía en la UNAM.

 




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