Loading
Buscar en Drogas México

   

Las plantas mágicas y la conciencia visionaria :: Drogas México

Peyote
Cultura general y medidas de reducción de daños sobre esta cactácea enteogénica


Los alucinógenos en las culturas contemporáneas, un patrimonio cultural
Las plantas mágicas y la conciencia visionaria
Convenio sobre pueblos indígenas y tribales, 1989


ENE
1
2 0 0 3
Las plantas mágicas y la conciencia visionaria
La tradición mexicana en plantas psicotrópicas sagradas es tan antigua como prolífica e ilustrada. A partir de los setenta del siglo XX, bajo...
LA POTESTAD BIOQUIMICA DE LA PLANTA SAGRADA“Tienes que cantar la voz de la hojita”, me decía un joven chamán mazateco hace años cuando estudiaba la planta llamada “ska” pastora u...2003-01-01 José Luis Díaz, Artículo, Cultura
HofmannLSDPeyoteHongos psilocíbicosAntropología
0 comentarios


Las plantas mágicas y la conciencia visionaria

José Luis Díaz

Miércoles 1 de enero de 2003 (29/08/05)
Arqueología Mexicana ver en plantasagrada.com

La tradición mexicana en plantas psicotrópicas sagradas es tan antigua como prolífica e ilustrada. A partir de los setenta del siglo XX, bajo una visión global —científica, literaria y constumbrista—, se ha hecho el esfuerzo por entender, desde una perspectiva integral, su estructura química, sus efectos mentales y sus usos tradicionales.

LA POTESTAD BIOQUIMICA DE LA PLANTA SAGRADA

“Tienes que cantar la voz de la hojita”, me decía un joven chamán mazateco hace años cuando estudiaba la planta llamada “ska” pastora u hoja de la pastora (Salvia divinorum) en la remota localidad oaxaqueña de Ayautla. Esta instrucción expresa gráficamente el mundo secreto y poderoso de las plantas sagradas para los indios mesoamericanos. La planta psicoactiva es parte de una divinidad, tiene una voz que el chamán debe percibir y expresar al ingerirla; de ahí la recolección ritual y el canto adivinatorio,el largo entrenamiento y el dominio del éxtasis, de ahí el diagnóstico mágico y la cura.

Pero, además, la planta sagrada ha sido fuente inagotable de investigación y reflexión para científicos y humanistas.

La botánica, la etnología, la la psicología, la literatura y la teología la han abordado. A fines del siglo XIX, en el Instituto Médico Nacional de México, cada ciencia lo hacía por su lado, aunque con un enfoque multidisciplinario. Era una época de búsqueda de los “alcaloides” y los “principios activos” responsables de los intensos efectos de las plantas tradicionales. Los alemanes eran los protagonistas de ése y muchos otros esfuerzos científicos. Habían aislado el primer principio bioquímico vegetal, la morfina del opio (goma de Papaver somnife-rum), en 1817, y la cocaína de la coca de los Andes (Erythroxylon coca), en 1859, planta divina como pocas.

Una planta mexicana había capturado la imaginación de los estudiosos: el cacto del peyote (Anhalonium lewinii, después llamado Lophophora williamsii), cuyo uso como visionario por grupos indígenas del norte de México popularizó en Europa, en 1902, el explorador sueco Carl von Lumholtz. La carrera para aislar el principio responsable de los efectos se estableció poco antes entre el Instituto Médico Nacional de México y los alemanes, quienes, mejor equipados, se le adelantaron. En efecto, en 1898 Arthur Heffter aisló la mezcalina del peyote y sus efectos psicológicos fueron detalladamente descritos en dos sendas monografías de los años veinte del siglo pasado, características de la psiquiatría descriptiva, una obra de Kurt Beringer y la otra de Heirich Kluver. Los efectos eran insólitos pues incluían vívidas alucinaciones visuales, intensos cambios del afecto, modificaciones del pensamiento e incluso estados de éxtasis. Sin embargo, el asunto se quedó en la esfera académica hasta la siguiente e inusitada generación de estudios, cuando el peyotey su mezcalina habían sacudido ya la puerta de Occidente mediante personalidades literarias de la talla de Antonin Artaud, Aldous Huxley o Henri Michaux.


EL ALUCINÓGENO DESARRAIGADO

A mediados de los años cincuenta llegó a Oaxaca el erudito norteamericano R. Gordon Wasson, un micólogo aficionado pero profundamente versado en el tema. Allí seguiría los pasos de Blas Pablo Reko, médico vienés autor de una Mitobotánica zapoteca, y del estudiante Richard Schultes, quienes habían revelado en publicaciones de escasa circulación el supuesto uso ritual en la sierra de ciertos honguillos del género Paneolus.

En junio de 1955, Wasson presenció en Huautla una velada adivinatoria con la excepcional curandera María Sabina, y desde este extraordinario hallazgo abrió una nueva fase en la investigación de las plantas sagradas,una fase plenamente interdisciplinaria. Con una astucia y un alcance que pocos científicos podrían haber logrado, Wasson congregó a grandes especialistas europeos para estudiar en conjunto los hongos visionarios. El micólogo francés Roger Heim clasificó varias especies nuevas de ellos, todas del género Psilocybe. El químico Albert Hofmann, de Basilea, se usó a sí mismo como conejillo de Indias para rastrear la fracción activa y aislar con gran celeridad a la psilocibina como principio activo. El profesor Hugo Cerletti, de Italia, realizó experimentos farmacológicos y el eminente psiquiatra parisino Jean Delay describió los efectos psicológicos con el refinado método fenomenológico. Con todas estas contribuciones y su propia investigación, de gran acuciosidad etnomicológica y en la que identifica a estos hongos como el antiguo teonanácatl (“la carne del dios”) de los nahuas, Wasson editó, en 1958, con Roger Heim, un maravilloso libro: Les Chamignones Hallucinognes du Mexique.

Esta investigación y otras contemporáneas a ella, que fueron sistematizadas por Richard Schultes, del Museo Botánico de Harvard, tuvieron por vías diversas un profundo impacto cultural. Unos años antes, Hofmann había sintetizado el LSD a partir de ergotaminas encontradas en el cornezuelo del centeno y posteriormente en otra planta sagrada de Oaxaca: el ololiuhqui o manto de la Virgen (Ipomoea violacea y Rivea corymbosa). Estas tres moléculas, la mezcalina, la psilocibina y el LSD, sus plantas de origen y sus usuarios tradicionales de México fueron, sin proponérselo, promotores de la extendida revolución cultural de los años sesenta del siglo pasado, una revolución que de manera cardinal pregonaba la amplificación de la conciencia como motor de transformación personal y social. Sin embargo, al revés de los indios, que regulan cuidadosamente el aventurado ritual alucinante amparados en una recia raigambre cultural, la generación del rock pretendió generar una nueva cultura a través de una experiencia psicodélica silvestre y en apariencia recreativa. Intoxicados por la imponente figura zen de Don Juan, chamán yaqui narrado por Carlos Castaneda, muchos otros tampoco asimilaron el estricto requerimiento de una enseñanza pautada por la tradición y así se extravió la exaltada meta.


UNA ETNOFARMACOLOGÍA FANTÁSTICA

Una nueva fase de la investigación se generó poco después. Fue una etapa verdaderamente transdisciplinaria, en la cual las diversas especialidades se vieron en la necesidad de coordinar sus esfuerzos para generar un método de aproximación más integral al problema, un método en el que el entendimiento de las plantas de uso tradicional se diera desde la información de cada disciplina de cara a las demás. Schultes habló de etnobotánica y otros de etnofarmacología como plataformas de tal coordinación. Con este último enfoque realizamos un esfuerzo durante la década de los setenta para comprender a las plantas sagradas de México, no sólo desde el punto de vista de sus principios activos, sino de sus usos y sus múltiples efectos.

Propusimos que debería haber un punto de vista regulador, no de la investigación empírica cuyos fundamentos están dados por cada disciplina, pero sí del entendimiento de las plantas, que permitiera una perspectiva relativamente integral. Tal eje es el discernimiento de los efectos mentales de las plantas y sus moléculas, pues son precisamente los que han suscitado tanto los ritos y creencias tradicionales como el interés académico, literario y popular.

Con este enfoque es posible hacer una taxonomía de las plantas psicoactivas de uso tradicional no sólo en Mesomérica sino en general. Tal taxonomía permite el análisis comparativo de aspectos tan diversos como los usos tradicionales, los efectos cerebrales o la estructura química de las plantas en cuestión. Fue precisamente este abordaje el que puso en práctica quien puede considerarse uno de los fundadores de la psicofarmacología como interdisciplina, el toxicólogo alemán Lewis Lewin, quien advirtiera a Sigmund Freud sobre los peligros de la cocaína. En su libro clásico de 1924, felizmente intitulado Phantastica, Lewin hace una interesante clasificación de las drogas psicoactivas en cinco grupos, cada uno con título latino: Excitantia (plantas estimulantes como el café, el té negro o el mate), Euphorica (plantas euforizantes como el opio y la coca), Inebriantia (drogas embriagantes como los fermentados y destilados), Hypnotica (somníferos como el cloral) y Phantastica (plantas alucinógenas como el peyote). Destaca no sólo el hecho de que Lewin distinguiera entre familias de fármacos dando así origen a esa interdisciplina entre la psicología y la farmacología, sino el propio nombre de Phantastica, adjudicado a los alucinógenos. La fineza del profesor alemán se hace patente en este nombre, que enfatiza el incremento de la imaginación visual, un efecto característico de prácticamente todas las plantas sagradas.

La intensificación de la imaginación y la fantasía es ciertamente el efecto más llamativo de estas plantas y de sus simples aunque potentes moléculas neurotrópicas. Tan es así, que las figuras geométricas e intensamente coloreadas que son características de su acción sobre la percepción visual se han tomado como los motivos de manifestaciones artísticas tan distantes como los petroglifos, las tablas huicholas o el arte popo psicodélico de los años sesenta del siglo XX. Sin embargo, a pesar de tener efectos comunes, que permiten considerarlas como una gran familia de drogas psicodislépticas (para usar la interesante nomenclatura de Jean Delay), los efectos articulares justifican que consideremos dentro de ella a subfamilias particulares. Podemos distinguir claramente a seis de ellas, cuatro de las cuales son precisamente las de nuestro interés en este momento: los alucinógenos propiamente dichos, los cognodislépticos, los inductores de trance y los delirógenos. Vale la pena adentrarse brevemente en esta distinción que tiene no sólo una base psicológica, sino interesantes correlaciones tanto etnológicas como químicas y cerebrales.



LAS ESPECIES PSICODISLÉPTICAS Y LA FUSIÓN DE MENTE Y CUERPO

Escuetamente, los alucinógenos son las drogas que producen alucinaciones,es decir, percepciones sin un objeto convalidado. El peyote y su mezcalina,los hongos y su psilocibina y el LSD, derivado del ergot, son los tres ejemplos más característicos de la familia. Existe otro caso de una planta que se usa como inhalante entre tribus del Amazonas, el yopo (Anadenanthera peregrina), que contiene N—dimetiltriptamina. Todas éstas son las plantas sagradas por excelencia. En efecto, su recolección ritual llega a constituir una ceremonia tan compleja como la peregrinación de los huicholes a Wiricuta, bellamente descrita por Fernando Benítez, o su consumo en una velada ceremonial de cánticos tan remotos y exaltados como los de María Sabina. Son plantas adivinatorias y sacramentales. A pesar de sus sutiles diferencias de estructura, sus moléculas alucinógenas actúan sobre las mismas neuronas cerebrales, aquellas que producen el mediador químico llamado serotoninao 5-hidroxi-triptamina, que tiene una similitud química con ellas y que está involucrado en mecanismos nerviosos de la percepción y la emoción. Además, el peyote y el cerebro sintetizan de la misma manera a otro transmisor llamado dopamina, que el cacto, pero no el cerebro, convierte en mezcalina. El sistema nervioso se integra, de esta curiosa manera, con los sistemas ecológico y social para que pueda ocurrir la alucinación, un fenómeno propio de la conciencia.

Los inductores de trance son plantas y sustancias de efectos menos espectaculares, pues difícilmente llegan a producir alucinaciones. Sin embargo son plantas rituales de antigua estirpe, entre las que destaca el ololiuhqui, es decir las semillas de la Virgen (Ipomoea violacea y Rivea corymbosa), de uso tradicional en Oaxaca. Producen un estado de letargo y languidez, en el cual los sujetos tienen una percepción incrementada hasta el punto de la irritación y una estimulación de la imaginación que se usa en contextos rituales, precisamente como adivinatoria. Las moléculas responsables de estos efectos son alcaloides de ergotamina, a los cuales una mínima modificación química les confiere los efectos verdaderamente alucinatorios del LSD. Hofmann descubrió el intenso efecto al ingerir una dosis enorme del LSD por equivocación...

Los cognodislépticos son drogas del tipo de la marihuana (Cannabis sativa) que no contienen alcaloides sino terpenos, es decir, moléculas sin nitrógeno de efectos muy distintos a los anteriores. Así, aunque estimulan sin duda la imaginación, difícilmente llegan a producir alucinaciones. Más bien destaca el hecho de que alteren mecanismos de la memoria, de tal manera que sea difícil recuperar la información reciente, o bien que aviven todas las sensaciones y la fantasía. Es curioso notar que la marihuana no es una planta de origen americano sino asiático y que haya sido introducida durante la Colonia como fuente de fibra de cáñamo. Sin embargo, poco después empezó a ser usada ritualmente por grupos indígenas. Alzate, famoso científico mexicano, describió su uso ritual con un hermoso nombre náhuatl: pipiltzintzintli, pero existen otras plantas menos conocidas de la farmacopea sagrada mexicana grada mexicana que comparten efectos similares. Me refiero a la hoja de la pastora de los mazatecos (Salvia divinorum) y a la hoja madre de los chontales (Calea zacatechichi). Algunos usos peculiares de estas plantas incluyen la oniromancia, es decir,la adivinación durante el sueño.

Y, en efecto, son capaces de modificar las fases del sueño y el informe de los ensueños. Es interesante agregar que recientemente se ha encontrado que el cerebro produce una marihuana endógena, es decir, moléculas parecidas al principio activo (el tetrahidrocanabinol) y que permiten que éste actúe sobre sus receptores naturales.

El cuarto grupo constituye un mundo mental muy diferente. Son los delirógenos como el toloache o tlápatl (Datura stramonium) y el tabaco salvaje o yetl (Nicotiana rustica), plantas de efectos potentes pero de alguna manera opuesta a los tres grupos anteriores, porque si aquellos amplifican la conciencia, éstos la nublan y la disminuyen: son con toda propiedad los verdaderos “estupefacientes”. En dosis altas producen un delirio parecido al de la fiebre, con desorientación e intensas alucinaciones que el sujeto puede confundir con la realidad externa. Son plantas de tradición oscura y secreta, usadas en ritos de hechicería, en ocasiones para hacer daño a los enemigos o para atarantar al cónyuge infiel. Estas plantas contienen alcaloides del tropano, como la escopolamina usada por los nazis como “droga de la verdad” y que se halla tanto en el toloache mexicano y la mandrágora como en el beleño de Europa, todas de la familia de las solanáceas. Actúan en el cerebro bloqueando receptores específicos a la aceticolina, sea el receptor muscarínico (la escopolamina) o el nicotínico (la nicotina del tabaco).


UNA ARQUEOLOGÍA DEL ÉXTASIS

Como es patente por lo dicho hasta aquí, la tradición indígena mexicana en plantas psicotrópicas sagradas es tan antigua y prolífica como ilustrada. No sólo la moderna investigación de la etnofarmacología ha aclarado muchos misterios de sus usos, sino que en el tenor de este número de Arqueología Mexicana, la centenaria costumbre se puede rastrear una y otra vez desde y hasta el pasado arcaico de Mesoamérica. Vale la pena enumerar algunos ejemplos. La semilla de mezcal (Sophora secundiflora), delirógeno y neurotóxico que sería eventualmente sustituido por el peyote, aparece en tumbas del sur de Texas fechadas hace 10 000 años. La antigua cerámica de Casas Grandes está decorada con espirales similares a las que usan los huicholes para representar al peyote. Dos relieves de Tula muestran a un personaje recostado de cuyo vientre sale una planta con la morfología del toloache. Varios códices contienen representaciones de hongos asociados a deidades y en las zonas mayas se encuentran con gran frecuencia esculturas ceremoniales de hongos. No es en vano que el padre de la etnología, fray Bernardino de Sahagún, haya identificado ya en su Códice Florentino del siglo XVI, y con su nombre propio en náhuatl, a seis plantas psicotrópicas que hemos someramente mencionado aquí: ololiuhqui, péyotl, tlápatl, tzintzintlápatl, míxitl y nanácatl.

Evidentemente se trata de una tradición cuya sensibilidad y conocimiento sobre los estados y efectos mentales son tan extensos como sutiles. El chamán indígena es con toda precisión un experto en posibles estados de conciencia, ese saber que sabe de sí, ese epicentro de la personalidad humana. Desgraciadamente, el descubrimiento de este mundo y su difusión en la cultura occidental no han sido muy afortunados. Es hora de que el conocimiento de este espacio sagrado, delicado y lúcido, resulte no sólo en una mayor iluminación de la cultura indígena para el resto del país y el mundo, sino al menos en una actitud de aprendizaje, respeto y admiración hacia ella.


José Luis Díaz. Médico cirujano. Investigador en el Instituto de Neurobiología y en la Facultad de Medicina de la UNAM.

Revista Arqueología Mexicana, Vol X N59 enero—febrero 2003


Enlace original desde Drogas México a artículo en arqueomex.com (feb2014: no funciona -RS)

Versión PDF en plantasagrada.com

ver en plantasagrada.com


estás viendo:
Las plantas mágicas y la conciencia visionaria
volver arriba


comentarios
Entrar para agregar comentario:
entrar


DrogasMexico.org es un proyecto de Convivencia y Espacio Público AC y el Colectivo por una Política Integral hacia las Drogas AC.
Agradecemos el apoyo de Open Society Foundation, Angelica Foundation y Tides Foundation