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Arqueología Mexicana

Las plantas del alma
Los alucinógenos en las culturas contemporáneas, un patrimonio cultura
Las plantas mágicas y la conciencia visionaria


Vol X N59 enero—febrero 2003 Siguiendo a sus antepasados, los pueblos indios contemporáneos usan los alucinógenos y estimulantes como elementos positivos, dinámicos, terapéuticos...Las sociedades humanas han empleado constante y sistemáticamente los estimulantes como elementos dinámicos y terapéuticos en los sistemas culturales resultado de un largo proceso de investigación, de ensayo...
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Los alucinógenos en las culturas contemporáneas, un patrimonio cultural

Elio Masferrer Kan

Miércoles 1 de enero de 2003 (02/09/05)
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Vol X N59 enero—febrero 2003
Siguiendo a sus antepasados, los pueblos indios contemporáneos usan los alucinógenos y estimulantes como elementos positivos, dinámicos, terapéuticos y enriquecedores, nunca como elementos destructivos o degradantes.




Las sociedades humanas han empleado constante y sistemáticamente los estimulantes como elementos dinámicos y terapéuticos en los sistemas culturales resultado de un largo proceso de investigación, de ensayo y error. En lso últimos tiempos, términos como alucinógenos o alcaloides están sumamente desprestigiados, como resultado del empleo perverso que los occidentales han hecho de las plantas sagradas de los pueblos indios (Masferrer Kan y Díaz Brenis, 2000). Es importante recordar que en estos momentos hay dos estimulantes con un uso intensivo en nuestra sociedad, el tabaco y la cafeína, que no son habitualmente visualizados como alcaloides.

En el presente artículo se reseñan algunos aspectos del uso contemporáneo de ciertos estimulantes empleados entre los pueblos indios de Mesoamérica y Aridoamérica, y se hace una breve comparación con estimulantes empleados en América del Sur.

Los estimulantes han tenido tradicionalmente un papel ritual en la configuración de los complejos chamanísticos y han propiciado el acceso de los especialistas religiosos a estados alterados de conciencia. Del mismo modo, el consumo de estimulantes permite a los integrantes de un sistema cultural un acceso a la divinidad, además de su uso cotidiano como un elemento para controlar la fatiga, el hambre o el sueño.

Lo más interesante en el uso de los estimulantes es que las culturas indígenas, mediante complejos sistemas rituales, han desarrollado un conjunto de estrategias para controlar su uso excesivo, a la vez que los incorporaron como elementos dinámicos para la consecución de las acividades cotidianas. Este control social sobre los estimulantes hizo que éstos fueran un recurso estratégico en el desarrollo de las sociedades indígenas; por ello, debe deslindarse de su empleo como adictivos que encubren y agudizan comportamientos neuróticos y psicopáticos en la sociedad contemporánea. Un caso notable es el empleo de la hoja de coca en el mundo andino; un indígena de los Andes no consume más de 23 gr de hoja diarios, además de que le quita las nervaduras a ésta al momento de iniciar la masticación, que se realiza con una pizca de cal para facilitar la degradación del alcaloide con la saliva. Sin embargo, para obtener un gramo de clorhidrato de cocaína se requiere procesar alrededor de ocho kilogramos de hoja. No es lo mismo un coquero que un cocainómano.

Los estimulantes más empleados en México son el peyote, una cactácea pequeña, sin espinas, que crece en el desierto de Chihuahua, y varios hongos alucinógenos que se desarrollan en las áreas subtropicales húmedas como Oaxaca, Chiapas o Puebla. El peyote tuvo una gran difusión y su consumo se extendió hacia Estados Unidos y diversas partes de México. Cabe mencionar que la Native American Church (Iglesia Nativa Americana), movimiento revivalista indio de Estados Unidos, lo asimiló como su planta sagrada y logró un trato especial que se consignó en el Acta de Libertad Religiosa de ese país, según la cual sus sacerdotes pueden trnsportar, vender y recolectar peyote si están debidamente registrados y tienen credenciales otorgadas por el gobierno federal.

Sin embargo, varias tribus indígenas, como los lakota, aceptan la conversión de otros individuos a su religión y les permiten su incorporación al grupo étnico. Este detalle es importante, pues según la Convención de Viena contra el Narcotráfico, están expresamente exentos de ésta los grupos indígenas y nativos que emplean los alcaloides como parte de su bagaje cultural tradicional. Los indios norteamericanos consideran que si ellos tiene la posibilidad de convertirse al cristianismo, los cristianos deben tener también derecho a convertirse a la religión lakota o a la Iglesia Nativa Americana. Estados Unidos acepta esa posibilidad, sin embargo, el gobierno mexicano no reconoce que este tipo de acciones sean generadoras de derecho y además considera que la Convención de Viena sólo se aplica a gurpos étnicos residentes u originarios de nuestro país. Por ello hubo ya varios casos de especiaistas religiosos de la Iglesia Nativa Americana que fueron detenidos, juzgados y condenados por autoridades mexicanas por transportar peyote con los fines arriba señalados. El caso más complicado fue el de un mexicano con doble nacionalidad. En términos étnicos, en México era mestizo, en términos estadunidenses, lakota; fue condenado a 20 años de prisión y puso un centro ceremonial lakota en el patio de un penal, donde realizaba curaciones con temazcal y demás recursos de su iglesia. Al año y medio de prisión, finalmente fue liberado, después de haber curado a altos funcionarios, presos, custodios y familiares. Actualmente es considerado un héroe por la versión mexicana de la Iglesia Nativa Americana.

Es importante comentar que la Iglesia Nativa Americana de Iztazoquitlán solicitó su registro hace varios años en la Dirección General de Asuntos Religiosos de la Secretaría de Gobernación, en los términos que marca la Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público, el cual no le fue otorgado, pues la autoridad consideró que tener entre sus plantas sagradas el peyote, los hongos alucinógenos, la hoja de coca y la ayahuasca (estos últimos originarios de Sudamérica) entraba en conflicto con la legislación vigente en materia de salud pública. Cabe mencionar que la hoja de coca se vende libremente en Perú, Bolivia y el norte de Argentina, y que es posible comprarla en cómodos saquitos para hacer té en Estados Unidos. Algo parecido sucede con la ayahuasca (bejuco alucinógeno) a la que, en Brasil, varias versiones religiosas totlamente legales de la Iglesia de Santo Daime rinden culto. En Perú, el centro Takiwasi de Tarapoto, autorizado por el Ministerio de Salud, se dedica a la rehabilitación de drogadictos con un equipo interdisciplinario que incluye médicos, psicólogos y chamanes amazónicos que emplean la ayahuasca como elemento terapeútico.

En el otro extremo del asunto debemos ubicar la difusión del empleo de hongos alucinógenos que tuvo lugar entre los mazatecos, quienes lo utilizan como parte de su cultura. Distintos autores escribieron sobre sus experiencias psicodélicas y las milagrosas curaciones hechas por los especialistas religiosos mazatecos. Esto generó largas peregrinaciones de individuos en búsqueda de nuevas experiencias. Hippies y amantes de la naturaleza abarrotaron la población de Huatla de Jiménez, en Oaxaca, donde María Sabina y otros chamanes adquirieron una notable popularidad. Esto motivó incluso el asentamiento de comunidades hippies que, finalmente, fueron desalojadas por el ejército.

Los mazatecos utilizaron ocn bastante generosidad sus conocimientos tradicionales en favor de occidentales en busca de curación, nuevas experiencias y desintoxicación de los contaminantes de la sociedad contemporánea. la invasión de las pequeñas localidades mazatecas provocó un fenómeno turístico que alteró notablemente las formas de vida tradicionales indígenas y dió lugar a la figura del terapeuta psicodélico, que no necesariamente es el más o mejor reconocido dentro del grupo étnico. Además, la presencia de los no mazatecos, quienes mediante pagos generosos en dinero y especie favorecían o descalificaban especialistas y ciertas actividades, alteró sustantivamente las formas tradicionales indígenas.

En síntesis, podemos concluir que los alucinógenos y estimulantes han estado y estarán presentes en las diferentes sociedades que forman el orbe, pero son estas mismas sociedades las que deben definir los modos de su consumo, para que sean un elemento dinámico y positivo, un recurso terapeútico y de enriquecimiento, y no se transformen en formas de degradación de la vida humana.

Elio Masferrer Kan. Doctor en antropología. Profesor—investigador de la ENAH, INAH. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores. Presidente de la Asociación Latinoamericana para el Estudio de las Religiones. Coordina la Red Nacional de Investigadores sobre Religión, Sociedad y Política.

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