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Di no a la histeria de las drogas :: Drogas México

Literatura
De (A)ldous Huxley, a Octavio Pa(z)

DF psicodélico
Di no a la histeria de las drogas
La Iglesia del opio


Generación Edición Especial En el libro The Medical detectives, de Berton Rouché, se describe un interesante caso de histeria colectiva. La erupción tuvo lugar en la escuela primaria de Bay Harbor, en el condado de Dade, en Florida. Una niña llamada Sandy, que padecía un leve resfriado, se desplomó en la cafetería...
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Di no a la histeria de las drogas

William S. Burroughs

Sábado 1 de diciembre de 2001 (30/09/05)
Generación Generación Edición Especial



En el libro The Medical detectives, de Berton Rouché, se describe un interesante caso de histeria colectiva. La erupción tuvo lugar en la escuela primaria de Bay Harbor, en el condado de Dade, en Florida. Una niña llamada Sandy, que padecía un leve resfriado, se desplomó en la cafetería de la escuela; los médicos tuvieron que sacarla en camilla en el momento en que entraba el siguiente grupo de estudiantes. Sandy, al parecer, era una especie de líder, así que el grupo completo, al verla, comenzó a desplomarse. Un oficial del departamento de salud pública fue enviado a la escena, al verse ahí, en medio del caos, recordó un caso similar ocurrido hacia sólo algunos años en otra secundaria y rápidamente dictó su diagnóstico: histeria colectiva. En estos casos el remedio es muy simple: regresar a la rutina normal tan rápido como sea posible; así que regresó a los niños a sus salones de clase y acabó con la erupción. Sin embargo, si la historia no se reconoce y no se actúa sobre ella, continúa agudizándose, como ha sucedido en otras ocasiones. Cuando la histeria, con toda deliberación, es sistemáticamente cultivada y fomentada por el partido gobernante, podemos esperar que se extienda y que se vuelva profunda. Tenemos como ejemplos recientes la historia antisemita de Hitler y la actual histeria de las drogas. El remedio es simple: un acercamiento calmado y objetivo al sentido común.

Recordemos que durante el siglo XIX y principios del XX —los "viejos buenos tiempos" que los conservadores tan cariñosamente evocaban— opiáceos, tinturas de cannabis y cocaína eran vendidos en farmacias, a través del mostrador, de costa a costa; y los Estados Unidos no se vinieron a pique por esto. No hay modo de saber cuántos adictos había en ese entonces, pero me atrevo a suponer que fueron sorprendetemente pocos. A mucha gente simplemente no le gustaban estas drogas. En Inglaterra, antes de que los Estados Unidos persuadieran al gobierno inglés de adoptar nuestro tratando-y-fracasando-, policía-y-acercamiento-para-sanción, cualquier adicto podía obtener heroína con receta después de llenar su ficha en el National Health. El resultado de esto fue que no existía el mercado negro puesto que no había beneficios económicos involucrados. En 1957 había cerca de 500 adictos en el Reino Unido y dos policías de narcóticos en el área metropolitana de Londres. Ahora Inglaterra presenta el mismo lamentable espectro que Estados Unidos: miles de adictos, cientos de agentes antinarcóticos, algunos de ellos adictos también, un floreciente mercado negro, adictos muriendo de sobredosis y de heroína contaminada.

La más sana y razonable de las soluciones sería mantener a aquellos que no pueden o que van a dejar la droga e implementar un tratamiento efectivo para aquellos que desean dejarla. El único tratamiento viable es la abstinencia abrupta o la bastinencia de drogas sutitutivas. El tratamiento de la abstinencia tiene su origen en Thomas de Quincey a principios del siglo XIX. Hoy podría hacerse algo mejor, seguramente podrían hacerlo, pero no vemos que tengan intenciones.

Consideremoslas alternativas terapeúticas dsiponibles: acupuntura y apomorfina. Ambas terapias funcionan porque estimulan la producción de endorfinas, que son reguladores naturales del cuerpo que inhiben el dolor. El descubrimiento de las endorfinas ha sido considerado el hallazgo más importante para el entendimiento y tratamiento de las adicciones, desde que éstas fueorn reconocidas como un síndrome. Los analgésicos que ingiere el adicto provocan que su organismo deje de producir endorfinas. Si a un adicto se le retiran los opiáceos, se le retira también el analgésico natural del cuerpo, provocándole dolores terribles mientras el cuerpo se reajusta y produce otra vez endorfinas. Este es el mecanismo básico de la adicción y esto explica la razón por la que cualquier agente que estimule la producción de endorfinas ofrecerá un alivio alos síndromes de abstinencia.

Thomas de Quincey sugiere la existencia de una predisposición constitucional al uso del opio y algunos investigadores contemporáneos especulan sobre una deficiencia insulínica en los adictos. Yo supe de un adicto que recibió una inyección experimental de endorfinas durante su retiro de heroína, dijo que no había experimentado el usual estado de euforia que producen las inyecciones de opio, sino más bien un cambio de engrane o de velocidad que eliminó los síntomas de la abstinencia.

Los investigadores sostienen que las endorfinas, por ser sustancias naturales del cuerpo, podrían no ser adictivas. Unicamente pruebas más extensas podrán comprobar lo anterior.

Como las endorfinas son sustancias extraídas de cerebros de animales, su costo es prohibitivamente elevado: 2 000 dólares el tratamiento. ¿Será que en el plan de Bush de 7.9 millones de dólares para combatir las drogas está incluido el proyecto para investigar la síntesis y expansión experimental de endorfinas? Yo dudo que muchos de los congresistas que apoyan los "billetes grandes" para combatir a las drogas, sepan siquiera lo que son las endorfinas; y lo mismo puede aplicarse a los llamados expertos en drogas que aconsejan al presidente Bush.

Miles de millones para un esfuerzo inútil.

Nada para un tratamiento efectivo.

Estoy citando a partir de unas lecturas que he hecho a públicos universitarios receptivos. Se trata de un numerito viejo que una vez más resulta actual y contemporáneo, se llama Mob, y traza una línea entre los Johnson y los mierdas:

"Este planeta podría ser un lugar razonablemente agradable para vivir, si todos se ocuparan de sus propios asuntos y dejaran a los demás hacer lo mismo. Pero un sabio negro y puto me dijo hace unos años: algunos son una mierda, querido."

Nunca he podido olvidarlo.

La marca de una mierda pornográfica es la del que siempre tiene la razón, la del que es incapaz de ocuparse de sus propios asuntos porque no tiene asuntos propios. Es un ocupado profesional de los asuntos ajenos.

Un ejemplo de este género es Henry J, Anslinger, comisionado de Narcóticos. "Las leyes deben reflejar el rechazo que la sociedad siente por el adicto", dijo —lanzó esta condena en cada oportunidad que tuvo de hacerla. Este tipo de gente envenena el aire que respiramos con la roña de sus condenas— "abogados sureños sintiendo sus despostilladuras-negras, damas decentes-oprimidas dirigiéndose a la iglesia con caras diabólicas."

"Cualquier forma de sustento es inmoral", dijo Harry, rechazando así la solución obvia al llamado problema de las drogas.

Por otra parte, un Johnson se ocupa de sus propios asuntos. El no corre a la policía si huele marihuana u opio en un pasillo. No le importa la célebre chava del segundo piso ni los maricones del cuarto de atrás, pero cuando lo necesiten les ayudará. No se quedará inmóvil ante una persona que se está ahogando o frente a alguien que estén atacando físicamente, tampoco se quedará impávido ante los abusos con animales. El opina que cosas como ésta le incumben a todo el mundo. Ahora vienen Ronnie y Nancy, tomados de la mano, a decirnos que nadie tiene el derecho de ocuparse de sus propios asuntos: "la indiferencia no es una opción, es insistir en voz alta que las drogas no serán toleradas."

Todos están obligados a histerizarse ante la sola idea de consumir drogas, tal como los oficinistas, en la novela 1984 de George Orwell, estaban obligados a gritar maldiciones, como los perros entrenados de Pavlov, cuando el líder enemigo aparecía en la pantalla, y más les valía gritar fuerte y feo. William von Raab, el actual director de aduanas de los Estados Unidos, fue aún más lejos: "esta es una guerra y cualquiera que muestre siquiera una actitud tolerante con el uso de las drogas deberá considerársele como traidor." Los reporteros del Eyewitness News inundaron las calles plantando sus microfónos en la cara de la gente, recolectando opiniones sobre los traficantes de drogas. Uno de los sujetos manifestó: "bueno, considerando el dinero que ganan deberían servirnos de ejemplo." Y luego un gato negro que trabajaba en el cableado del metro se endereza y dice: "yo pienso que si alguien usa droga es asunto suyo." Ni siquiera había acabado cuando ya le habían quitado el micrófono. Seleccionar lo que quieren oir y luego titularlo: "La Voz de la Gente", esta es nuestra libertad de prensa.

¡Pruebas de orina! Nuestros ancestros se orinarían en sus tumbas al pensar en las pruebas de orina que se hacen para determinar si alguien es competente en su trabajo. La medida de la eficacia en un trabajo es la ejecución del mismo. Cuando a Lincoln se le dijo que el general Grant era un alcohólico, respondió: "Investiguen que marca de whisky toma y distribúyanla entre mis generales." El doctor William Halsted ha sido denominado el padre de la cirugía estadunidense. Un practicante brillante e innovador, introdujo procedimientos antisépticos en la época en la que los cirujanos, lejos de usar guantes de plástico, apenas se lavaban las manos, y el índice de muertes por infecciones postoperatorias era de 80 por ciento. El doctor Halsted era adicto de-toda-la-vida a la morfina, pero podía manejarse bien y nunca perdió un paciente. En esos buenos viejos días los hábitos de un hombre eran personales, ahora hasta la sangre y orina de un ciudadano están sujetas a medidas y búsquedas arbitrarias.

El mejor detective del mundo no hubiera podido pasar una prueba de orina. ¿De qué se trata esta vez, Holmes, cocaína o morfina? Las dos, Watson, un speed ball. Es inquietante especular acerca de lo que puede estar oculto detrás de este grandísimo arranque rojo contra las drogas. Una guerra que ni tiende ni está destinada al éxito. Una cosa es evidente: viejo dinero limpio y nuevo dinero sucio se están dando la mano por debajo de la mesa. Y el viejo-usado-y-fracasado enfoque policiaco continuará escalando a expensas de cualquier búsqueda de tratamientos o investigaciones.

En política, el que algo no esté funcionando es la mejor razón para seguirlo haciendo. Si algo se ve que va a funcionar, entonces mantente alejado. Cosas como estas pueden levantar las olas y a los tipos de arriba no les gustan las olas.

El trabajo misionario de Anslinger, tal como él mismo lo llama, encontró suelo fértil en Malasia, donde se aplica la pena de muerte por la posesión de media onza o más de heroína o morfina, o de siete o más onzas de cannabis (no existe la distinción entre drogas suaves y duras). Cualquier persona que despierte sospechas de tráfico es encarcelada dos años sin juicio. Se requiere prueba de orina para ingresar a la preparatoria o a la universidad.

Mahathir Mohamed, primer ministro de Malasia, ha lanzado una campaña completa de radio y televisión con el objetivo de crearse una imagen personal condenatoria hacia las drogas. Así como Hitler comandó un apoyo de amplia extensión para llevar a cabo su programa antisemita. Sólo sustituyamos la palabra "droga" por "judío".

Con la intención de llegar a fondo en este asunto pregúntate: ¿Cui bono? ¿quién se beneficia? De acuerdo con lo que cuenta Michael Sindona del libro Power on the earth de Nick Tosche, la masa mundial del dinero sucio es procesada en Singapur y Kuala Lumpur, las sumas involucradas son trillones de dólares. Cualquier cambio en las leyes de las drogas podría representar un derrumbe catastrófico en el mercado negro y cortaría el flujo de dinero sucio en las lavanderías de Malasia (colgar a los pequeños adictos que presionan para proteger ganancias sindicales enormes... ¿Podría venir más sucio el dinero?).

Yo estaría interesado en examinar las cuentas bancarias, fuera de la isla, de los oficiales involucrados en el fabulosamente bien retribuido negocio de la guerra contra las drogas. Pero este es un trabajo para un investigador-reportero como Jack Anderson, sin embargo, él no haría este trabajo porque siente simpatía por el primer ministro de Malasia, Mahathir Mohamed. Después de entrevistar a Mohamed sobre el tema de las drogas, Jack Anderson reportó que el primer ministro habló con "aunténtica pasión" (así como Hitler hablaba con pasión).

En una columna titulada "Estamos perdiendo la guerra contra las drogas", Anderson habló de cientos de "estúpidos y criminales estadunidenses" que insisten en consumir drogas. Sí, criminales por un acta del Congreso. Con el pasaje del Harrison Narcotics Act de 1919, cientos de ciudadanos estadunidenses —desde trabajadores, viejas y honestas damas chinas con artritis, hasta caballeros con gota— se conviertieron en criminales de un día a otro.

George Will relata la historia de una mujer colombiana que estuvo detenida en la aduana hasta que defecó algunos condones llenos de cocaína. Él continúa diciendo: "debemos atacar la demanda de las drogas, así como su distribución; la vida para los consumidores debería ser tan difícil como la de esa mujer."

Así, miles de presuntos consumidores son obligados a tragar aceite con la esperanza de encontrarles la droga.

"¡Ya encontré uno!"

"Falsa alarma... es una solitaria".

Hace 50 años, en las profundidades de los Montes Urales, en la baja Slobbovia, un cabrón de 13 años llamado Pavlik

Morozov, denunció a su padre con las autoridades locales por ser un revolucionario kulak, pues tenía un cochino escondido en el sótano (un kulak es un granjero que pese a todo subsiste). Era la época en que Stalin mataba de hambre a los granjeros, les cobraba impuestos altísimos. Los granjeros escondían sus cosechas y sus animales para poder subsistir. Por lo menos tres millones de personas murieron de hambre entre el invierno de 1932 y el de 1933.

El pequeño Pavlik fue mandado a Stroganoff por los enfurecidos vecinos - buen trabajo y demás. Ni los cabrones que rajen deben morir. "Este hombre no debe morir", dijo Máximo Gorky, con su apasionada voz contraída por la dolorosa emoción. Así, Pavlik se convirtió en un héroe folk. Hay una calle en Moscú con su nombre y una estatua para conmemorar su acto heróico. Debió ser esculpida con la cabeza de una rata. Y el pueblo de Geramsimovka es un maldito santuario, dibujos de legiones de jóvenes peregrinos hacia la casa de Pavlik Morozov.

"Pequeño Stukach cochino".

Eso es "rata" en ruso —palabra designada para escupir.

Esto está pasando aquí.

Lawrence Journal world, octubre 29, 1986: "niña, 10, reporta que su madre usa drogas". Era la cuarta vez que una niña californiana acusaba a sus papás por abusar de las drogas desde agosto 13. Y el fiscal de Reagan, general Ed Meese, dijo que la administración tiene la obligación y la responsabilidad de cuidar a los civiles en las áreas de trabajo tales como lockers y sobre todo los baños, y de los baños de las tavernas cercanas, para prevenir que se abuse de las drogas.

Soy un hombre chapado a la antigua. No me gustan los delatores. Parece que Meese y Reagan, y ahora Bush, intentan convertir a los Estados Unidos en una nación de ratas de categoría.

Bueno, como Mohamed dijo, uno tiene que renunciar a las medidas de libertad para obtener un país libre de drogas, en cuyo punto los narcos se borren. Seguro, como la KGB se marchitó en Rusia.

En abril de 1987 tuve el privilegio de asistir a un debate entre Timothy Leary y Peter Bensinger, cabeza del Drug Enforcement Administration (DEA), y en su tiempo uno de los expertos en drogas de Reagan. El debate tuvo lugar en Johnson County Community College de Kansas City, en el corazón de los Estados Unidos.

Fue una masacre. Bensinger mentía y el público estaba completamente consciente de sus falsificaciones. Hacía pausas para recibir aplausos. Después de sus desplantes de lógica y de sentido común, sólo recibió un coro de buuus. El 90 por ciento del público apoyó a Leary, quien ganó el debate.

A un político mentir le resulta tan natural como respirar, y ambas cosas son necesarias para su supervivencia política. La característica del mentiroso es su negativa a contestar preguntas directas. Cuando se le preguntó si tantos miles de millones de dólares gastados al año en leyes insostenibles no estarían mejor gastados en investigación y tratamiento, él respondió que el Departamento de Defensa gasta más en una semana que la DEA en un año. ¡Buuuuuu! ¡Buuuuuu! ¡Buuuuuuuuuu!

Cuando se le preguntó acerca del sistema inglés de dejar a los adictos obtener heroína bajo prescripción médica, dijo: "cambiarían de sistema vendiendo drogas fuertes en el mercado negro".

¿Qué podrán encontrar en la calle que fuera más fuerte que la heroína farmaceútica 100 por ciento pura?

"Bueno, uh, cocaína" (que también puede ser obtenida bajo prescripción en Inglaterra).

Mentiras... mentiras... mentiras... La década de las mentiras.

Traducción de Jordi Soler. Este texto es parte del libro Drogas, la prohibición inútil.




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