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Drogas: sí o no?
Drogas y penas [columna Jaque Mate]
Territorio del éxtasis


[ "Dejad que el castigo sea adecuado a la ofensa".Cicerón El presidente Vicente Fox aparentemente cedió ante las presiones del gobierno de Estados Unidos y de algunos grupos nacionales de opinión al negarse a publicar la ley que define montos mínimos para la posesión de ciertas drogas. Habrá que examinar las observaciones que el...
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Drogas y penas [columna Jaque Mate]

Sergio Sarmiento

Lunes 8 de mayo de 2006 (12/05/06)
Reforma ver en reforma.com

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"Dejad que el castigo sea adecuado a la ofensa".

Cicerón

El presidente Vicente Fox aparentemente cedió ante las presiones del gobierno de Estados Unidos y de algunos grupos nacionales de opinión al negarse a publicar la ley que define montos mínimos para la posesión de ciertas drogas. Habrá que examinar las observaciones que el mandatario finalmente devuelva al Congreso para juzgar en detalle su acción, pero hay buenas razones para cuestionar su veto.

Vale la pena señalar que la nueva ley no legaliza, como se ha dicho, el consumo de drogas. Desde hace tiempo la legislación mexicana ha permitido la posesión de pequeñas cantidades de droga, las suficientes para el consumo personal, pero hasta ahora no había definido las cantidades que podían considerarse para este propósito. Virtualmente todos los narcomenudistas detenidos se acogían a esta ley y afirmaban que los productos en su posesión eran para consumo personal. Los jueces, ante la falta de criterios claros, ofrecían fallos distintos y a veces contradictorios.

Lo que hacían las modificaciones al Código Penal Federal y a la Ley General de Salud aprobadas por el Congreso en la legislatura recientemente concluida, y que ahora han sido detenidas por el Presidente, era poner una definición a los montos que habrían de considerarse como de consumo personal. Los montos que finalmente se definieron son, en realidad, muy pequeños, equivalentes a una sola dosis, menos de lo que usualmente los jueces aceptaban como cantidades aptas para consumo personal. En el caso de la marihuana, por ejemplo, el monto es de apenas 5 gramos, lo cual equivale a un cigarrillo. En el del LSD es una sola pastilla.

Es por ello que parece que el presidente Fox vetó la ley más por influencia de la presión internacional, que se produjo como consecuencia de reportes periodísticos que hablaban de que México había legalizado el consumo de drogas, que por el real contenido de la legislación. Hay que tener mucho cuidado, sin embargo, porque el veto del Presidente podría llevar a un intento por echar para atrás la legalización del consumo de drogas que se hizo en nuestro país hace ya algunos años.

Partamos de la premisa, que es la base de la prohibición internacional, de que el consumo de drogas es perjudicial para la salud. Esto, sin embargo, no significa necesariamente que la sociedad deba castigar a quienes las consumen. Poco sentido tiene meter a alguien a la cárcel, con todo el daño que esto implica, para protegerlo de sí mismo.

Muchos países del mundo han reconocido esta situación despenalizando parcial o totalmente el consumo de drogas. Los políticos estadounidenses que ahora han cuestionado a México por la supuesta legalización del consumo de drogas saben bien que en estados como California, Alaska y Oregon la posesión se encuentra virtualmente despenalizada. Esos políticos pueden querer el beneficio electoral de mostrarse duros en la lucha contra la droga, y quieren ser particularmente severos ante un país extranjero como México al que se responsabiliza de la disponibilidad de narcóticos en Estados Unidos, pero no están dispuestos a que sus propios hijos vayan a la cárcel por fumar un cigarrillo de marihuana.

Es evidente que la despenalización del consumo de drogas hace muy difícil la lucha contra el narcomenudeo. Los policías en muchos lugares del país se han enfrentado una y otra vez al problema de detener a pequeños vendedores, que muchas veces son consumidores que se ayudan económicamente colocando dosis pequeñas entre sus amigos, cuando éstos son liberados de inmediato por los jueces. Pero sin la despenalización la policía naturalmente concentra su esfuerzo en la detención de consumidores y no de grandes narcotraficantes. Para qué arriesgar la vida atacando a los grandes y poderosos cárteles, cuando se puede llenar la cuota de arrestos con jóvenes consumidores.

Estoy convencido de que con la prohibición nunca ganaremos la lucha contra el narcotráfico. El problema es de mercado. Mientras exista la demanda, cada golpe contra el narcotráfico genera incentivos para la producción y la distribución de un producto extremadamente rentable.

Pero si vamos a mantener la prohibición, cosa que parece inevitable ante la presión internacional, debemos cuando menos hacer una distinción entre narcotráfico y consumo. Como cualquier padre sensato, yo no quiero que mis hijos usen productos que les hacen daño, como cigarrillos o drogas. Pero no me parece lógico que se les meta a la cárcel, causándoles un daño mucho mayor, para protegerlos de sí mismos.

No sólo debemos mantener la despenalización del consumo de drogas, sino que debemos buscar que los montos de posesión legal sean mayores que los que han sido aprobados por los legisladores.

Por su propio bien

A. Álvarez cuenta en su libro A Savage God (Un dios salvaje) el caso de un inglés en el siglo XIX que trató de suicidarse. Rescatado, fue curado en un hospital; pero debido a que el suicidio estaba prohibido, se le procesó, condenó y ahorcó. Esta anécdota me viene a la mente cada vez que se pretende castigar a alguien por el delito de hacerse daño. El consumo de drogas, como el de cigarrillos, debe ser visto como un problema de salud y no como un crimen.
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