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Sustancias, adicciones y la reforma legal
Ponencia en el Foro de análisis y consulta
Buenas tardes, señores diputados, integrantes de las Comisiones Unidas de Salud y Justicia y Derechos Humanos. Compañeros integrantes de las mesas de discusión y análisis. Público en general.Como bien sabemos todos, el consumo de sustancias y las adicciones son problemas complejos. Para entenderlos, los que trabajamos en el campo de la salud mental, hemos... 2006-05-11 Mario Torruco Salcedo, Discurso,Congreso de la Unión,Políticas
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Congreso de la Unión
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Sustancias, adicciones y la reforma legal
Mario Torruco Salcedo

Jueves 11 de mayo de 2006 (15/06/06)
Congreso de la Unión Ponencia en el Foro de análisis y consulta

Buenas tardes, señores diputados, integrantes de las Comisiones Unidas de Salud y Justicia y Derechos Humanos. Compañeros integrantes de las mesas de discusión y análisis. Público en general.

Como bien sabemos todos, el consumo de sustancias y las adicciones son problemas complejos. Para entenderlos, los que trabajamos en el campo de la salud mental, hemos elaborado modelos teóricos con los cuales logramos comprender las causas y por lo tanto podemos elaborar estrategias de prevención y de tratamiento.

El modelo que mejores resultados ha tenido en estos objetivos ha sido el modelo biopsicosocial. De acuerdo a éste, la conducta adictiva puede explicarse desde tres puntos de vista: El biológico, el psicológico y el social.

Desde lo biológico podemos hablar de neurotransmisores, de predisposición hereditaria o de enzimas que procesen más rápido o más lento las sustancias. Desde lo psicológico, observamos las experiencias del individuo a lo largo de su vida, su manera de ver, sentir, actuar o reaccionar ante los problemas y la relación de todos estos factores con el consumo de sustancias. Y por último, pero no menos importante, la esfera social. Dentro de ésta encontramos a los factores relacionados con la familia, con el grupo de iguales, con los educadores, así como 2 puntos elementales: La disponibilidad y la accesibilidad a las sustancias. Y sobre estas cuestiones influye algo trascendente, el tema que nos ocupa hoy, de cómo se regula el consumo de estas sustancias en la sociedad donde vivimos, en nuestro México.

Todos estos factores biológicos, psicológicos y sociales, están interrelacionados y quien los vea de una manera determinista o parcial, estará dejando de lado partes fundamentales del fenómeno. Sin embargo debemos recordar que los seres humanos hemos hallado en la división del trabajo, una manera práctica y efectiva de solucionar nuestros problemas. Así algunos nos dedicamos a prevenir y tratar los factores biológicos y psicológicos, otros tienen la difícil tarea de modificar aquellos relativos a la esfera social. Así aprovecho para agradecer que se nos permita compartir el trabajo y la responsabilidad y que se escuche nuestro punto de vista y nuestras experiencias en otras trincheras donde también atacamos al enemigo común.

He dividido mi ponencia en dos partes. Primero dirigiré mi atención a dos artículos y sendos conceptos que pienso deben reconsiderarse, y por último deseo reflexionar sobre la respuesta que di a la pregunta ¿qué beneficios traerán estas reformas a los niños, a los adolescentes, a los padres y a los pacientes?

Pues bien, comenzaré por releer dos fracciones del artículo 474 del proyecto de la Ley General de Salud. La fracción V dice que se entenderá por “farmacodependiente: toda persona que presenta algún signo o síntoma de dependencia a estupefacientes o psicotrópicos”. Y la Fracción VI dice que se entenderá por “consumidor: toda persona que consuma, o utilice estupefacientes o psicotrópicos y que no presente ni signos ni síntomas de dependencia”.

Considero que aquí vale la pena ver estos conceptos, desde el punto de vista de la psiquiatría. Para nosotros el consumo de sustancias se mueve a lo largo de un espectro, cuyos extremos son el no haber probado nunca la sustancia, es decir, el ser abstemio, y en el otro lado, el síndrome de dependencia. A lo largo de esta banda encontramos conceptos como “uso”, “abuso”, o “consumo perjudicial”. Cada uno de ellos con sus características propias, que los diferencian de las otras definiciones.

Cuando hablamos de un síndrome de dependencia, debemos referirnos a la definición de la Organización Mundial de la Salud, en su Clasificación Internacional de las Enfermedades, en la décima revisión. En esta definición el síndrome de dependencia se caracteriza por una adaptación biológica, psicológica y social del individuo al consumo de la sustancia. Es decir, la persona se ha movido a lo largo del espectro que mencionaba más arriba, y ha pasado por distintos estadios en los que el equilibrio que guardaba su cuerpo con la sustancia y con el medio, se ha modificado, de tal manera que ahora puede procesar y eliminar una mayor cantidad de la sustancia en menor tiempo, pero si deja de consumirla repentinamente o si disminuye la dosis, esa aparente estabilidad se romperá y su organismo responderá con un síndrome de abstinencia.

Además el individuo con síndrome de dependencia, necesita modificar sus relaciones sociales para poder ocupar más tiempo no sólo en consumir la sustancia, sino en buscar la y recuperarse de sus efectos. Y de la misma manera sufre cambios en sus conductas, actitudes, pensamientos y sentimientos, orientando todos sus procesos psicológicos hacia un único objetivo: seguir consumiendo la sustancia.

En resumen, el síndrome de dependencia y por lo tanto su definición, es algo bastante complicado que involucra todas las esferas de la vida de un ser humano, por lo cual, considero que las definiciones mencionadas en las fracciones V y VI del artículo 474, deberían estar más apegadas a los conocimientos que actualmente se tienen sobre lo que implica ser farmacodependiente, desde el punto de vista de la psiquiatría. Es decir, para que alguien padezca un síndrome de dependencia, necesitaría tener un conjunto de signos y síntomas asociados al consumo de la sustancia y no solamente algún signo o síntoma, como se menciona en dichas fracciones.

Otro concepto sobre el cual deseo reflexionar es el de consumo personal. En los párrafos “a”, “b” y “c” del artículo 478, se dan tres listas que contienen las sustancias más utilizadas por los consumidores mexicanos y las dosis que se considera pueden estar destinada al consumo personal.

Sabemos que existen varios factores que determinan la potencia de las sustancias como su pureza, en el caso de la cocaína, la heroína o el opio; el origen, en el caso de la marihuana, o si estamos hablando de peso húmedo o peso seco, en el caso del peyote y los hongos.

Aún así, en las listas mencionadas me parece que hay datos discordantes. Hablemos de los efectos que producirían las sustancias en personas que no han desarrollado síntomas de dependencia, es decir, que son consumidores de acuerdo a la definición antes mencionada: Con cinco gramos de opio, podrían obtener una embriaguez significativa, aproximadamente 20 individuos; con 500 miligramos de cocaína en polvo para aspirar, podrían prepararse hasta diez líneas que serían suficientes para igual número de personas por varias horas, con cinco gramos de marihuana podrían prepararse dos o tres cigarrillos de tamaño mediano, lo que alcanzaría para cinco, diez sujetos. 200 miligramos de tenanfetamina MDMA o éxtasis, equivaldrían a aproximadamente a dos tabletas, con lo cual podrían alcanzar los efectos esperados igual número de personas, y en el extremo opuesto encontramos que si un individuo de entre 50 y 70 kilogramos de peso consumiera 0.015 miligramos de lisergida LSD o LSD-25, tendría una notable estimulación y claridad de ideas aunque no modificaciones sensoriales . Es decir, no alucinaría, en otras palabras, no obtendría los efectos que busca de esta sustancia.

Algo totalmente distinto ocurriría en el individuo con tolerancia, esto es, alguien cuyo organismo estuviera adaptado biológicamente a la sustancia y que necesitara dosis más altas para lograr el mismo efecto. Recordemos que la tolerancia es uno de los criterios necesarios para diagnosticar un síndrome de dependencia. Con esto quiero decir que las mismas dosis que se manejan en las listas pueden ser mayores al consumo personal de un neófito, y bastante menores a lo requerido por alguien con un síndrome de dependencia.

Por lo tanto me parecería adecuado: Primero.- que se hicieran algunas especificaciones como si se habla de peso húmedo, peso seco. Segundo.- Que se hiciera diferencia entre el consumo personal de un consumidor y el de un farmacodependiente y Tercero.- Que se tomaran en cuenta algunos parámetros farmacológicos como son la dosis efectiva media o la dosis letal media, entre otros.

A continuación la segunda parte de mi ponencia y procedo a reflexionar sobre los beneficios que este proyecto traería en la población general.

Empezaré con la fracción XXIII del Artículo 3 en el cual se le otorga el grado de "materia de salubridad general" a la "prevención del consumo de estupefacientes y psicotrópicos".

Es innegable la importancia que tiene la prevención en la solución del problema de las adicciones, pues en innumerables ocasiones se ha demostrado que es mucho más efectivo y económico el prevenir una enfermedad que tratarla a tiempo o rehabilitar sus secuelas. Esta labor preventiva, será difícil y laboriosa, pues tendrá que abarcar las esferas biológica, psicológica y social, pero los frutos seguramente serán formidables.

En el inciso “c” del Artículo 13 se ordena que el Ejecutivo Federal y los gobiernos de los estados, se ocupen de "la prevención y el combate de la posesión, comercio y suministro de narcóticos". Esto constituye uno de los puntos más importantes de las reformas y adiciones que hoy nos ocupan y son en sí el espíritu de estas leyes.

Es innecesario decir que será más fácil cumplir dichos objetivos cuando las tres instancias de poder unan esfuerzos y puedan ejercer acciones para combatir la posesión, el comercio y el suministro de sustancias ilícitas. Al fin, las autoridades del fuero común tendrán las manos desatadas y estoy seguro de que harán una buena labor.

Quiero hablar también sobre el Artículo 192, el cual eleva a rango de ley el derecho que tiene la población a recibir información "basada en estudios científicos" y que se le alerte "de manera clara sobre los efectos y daños físicos y psicológicos del consumo de estupefacientes y psicotrópicos".

Resalto dos puntos: "Basada en estudios científicos", y "de manera clara".

Con respecto al primero, considero de primordial importancia la producción de estos conocimientos científicos. Existen en nuestro país grupos de investigadores cuyo trabajo ha contribuido de manera cardinal en el entendimiento del fenómeno de las adicciones en nuestra población. Sin embargo, también pienso que falta más investigación, que falta una mayor producción de conocimientos científico, el cual nos permitiría explicar esos segmentos del problema que aún no entendemos y desde donde podremos hacer mucho para prevenir y tratar.

El otro subrayado es bajo "alertar de manera clara sobre los efectos y daños físicos y psicológicos del consumo de estupefacientes y psicotrópicos".

Alertar no es atemorizar; alertar no es espantar. El miedo obnubila la razón y dificulta la acción. Cuando entendemos las cosas, cuando las razonamos, nos es más fácil actuar, es más sencillo argumentar, es más factible mantener nuestra posición y eso es lo que deseamos que hagan los niños y jóvenes con la información. No queremos que salgan corriendo, que huyan por el miedo, deseamos que enfrenten los problemas y los resuelvan. Lo dicho a nuestros hijos debe ser real. Se ha demostrado en muchas ocasiones que las campañas donde se atemoriza a los jóvenes con el objetivo de evitar el consumo de sustancias, no han funcionado. ¿Por qué? Porque no los enseñan a enfrentar los problemas con la razón, con conocimiento de causa, sino a huir de ellos llevados por rumores, por las vísceras. Así como el hecho de que les hablemos de excursiones al Himalaya no provocará que se vayan a escalar el Everest, el hablarles de las drogas claramente y con la verdad, no estará promoviendo el consumo.

Para terminar deseo comentar algo sobre dos factores sociales que influyen en el consumo de sustancias: la oferta y la demanda.

¿Qué cantidad de sustancias está disponible para ser consumida y qué cantidad de estas mismas sustancias son solicitadas? Sin duda alguna existe una clara relación entre la oferta de drogas y su consumo, y obviamente hay dos maneras de combatir esta relación: reduciendo la oferta o disminuyendo la demanda. Pero escuchemos lo que opinan nuestros jóvenes sobre este tema.

De acuerdo a la encuesta de consumo de drogas en estudiantes realizada por Villatoro y colaboradores en el 2003, el 44.1% de los hombres y el 35.7% de las mujeres, consideran que es fácil o muy fácil conseguir drogas. Y en el caso de los pacientes, permítanme platicarles una anécdota, le preguntaba a un paciente, me decía: - “Es que cuando se te antojaba fumar una “piedra”, mandabas a alguien para conseguírtela y le dabas dinero. ¿Cuánto tardaba en regresar?” - ¿Media hora? Le sugerí.

- “¡No! doctor, en cinco minutos ya estaba de vuelta, cuando mucho quince o veinte.”

¿Para qué estos datos, para qué la anécdota? Simplemente para tener argumentos y poder decirles que los adolescentes, los padres, los pacientes con problemas de sustancias y muchas otras personas, saben perfectamente dónde, cuándo, cómo y a que hora se ven den las sustancias en sus calles. No es un misterio para nadie. Incluso existen cifras de cuántas “tienditas” hay por delegación o por colonia. Es mucho más complicado tratar a un paciente para que deje de consumir “piedra” cuando junto a su casa la venden; su misma enfermedad le hará luchar todos los días y a cada momento para vencer el deseo a consumir. Sin duda alguna, si con la aceptación de este proyecto se logra disminuir el número de “tienditas” y si provoca que para nuestros pacientes sea más fácil aguantarse las ganas de consumir al serle más difícil a encontrar a alguien que le suministre la droga, entonces para nosotros será mucho más sencillo darle un tratamiento integral, lograr que se mantenga en abstinencia y de esta manera contribuir con un grano de arena a reducir la demanda de sustancias.

Por último me permito cerrar con la siguiente reflexión. Las personas que se dedican al narcomenudeo no lo hacen para perjudicar a los jóvenes o a los adictos, lo hacen porque el vender drogas se ha convertido en el negocio más rentable de todo el mundo; lo hacen porque se ven atraídos por el dinero, es decir, por cuestiones económicas. Si algo he aprendido durante mi experiencia al tratar a personas con problema de substancias, es que consumen la droga porque les falta “algo”, y este “algo” pueden ser muchas cosas, casi una diferente en cada adicto. Y para lograr que abandonen el consumo de sustancias, debemos lograr que otra cosa diferente a la sustancia, llene el espacio que ese “algo” ha dejado vacío. Ahora, cuando hablamos de narcomenudeo y decimos que los dedicados a este negocio lo hacen principalmente por el dinero, me pregunto: Si se les condena, si logramos capturarlos, si los encarcelamos y les quitamos ese gran negocio que tenían, si les arrancamos ese “algo” ¿qué recibirán a cambio una vez que cumplan su condena? ¿con qué llenarán el vacío que les queda?


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