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El descubrimiento del peyote
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Varios bocados se requieren para alcanzar el efecto. Sabe tan amargo que la pregunta obvia es cómo se habrá descubierto su psicoactividad. Una...Quien descubre el jícuri proviene ya de una tradición medicinal y tal vez psicotrópica. Hay un tiempo entre que el hombre llega primero al lugar del peyote, y que lo conoce. Un tiempo...
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El descubrimiento del peyote

Ricardo Sala

Viernes 6 de octubre de 2006 (15/01/07)
Vivecondrogas Varios bocados se requieren para alcanzar el efecto. Sabe tan amargo que la pregunta obvia es cómo se habrá descubierto su psicoactividad. Una respuesta mágica puede ser que apareció en sueños, o que algún otro incidente sobrenatural condujo hasta el pequeño cactus. Una respuesta naturalista, si es que la hay, puede ser como sigue.



Quien descubre el jícuri proviene ya de una tradición medicinal y tal vez psicotrópica. Hay un tiempo entre que el hombre llega primero al lugar del peyote, y que lo conoce. Un tiempo en que pueden ocurrir varios procesos. Puede habitar la misma zona sin distinguirlo. Puede no habitarla y acudir a la zona precisamente en busca de plantas desconocidas con efectos nuevos o más poderosos. Acudiría ahí sabiendo que es un hábitat nuevo, con características y habitantes distintos de otros hábitats. Puede conocer del desierto porque otros lo han atravezado o han tratado de vivir en él.

Alguien que conoció el desierto puede compartirle su propio conocimiento de las plantas, aunque sea primario, aunque no haya probado sus efectos psicoactivos. Puede contarle de un cierto cactus amargo, o simplemente de uno que crece junto a las raíces de un arbusto, el más abundante de la zona. Entre muchas otras especies de árboles y cáctuses y plantas, que pueden interesarle al hombre de la medicina, al médico, y que también describe el viajero.

El médico o la médica se asienta en un poblado cercano al desierto. Regresa de excursiones con diversas plantas. Un día recuerda la descripción de aquel cierto cactus. En la siguiente oportunidad comienza a mirar abajo de los arbustos. O un día, por casualidad, se topa con una familia de esas plantas sencillas, huellas que apenas se asoman, y toma algunos ejemplares para experimentar más tarde en su casa.

O un buen día llegó un viajero y le dejó el peyote sabiendo que a cambio podría obtener un consejo, o unos bocados de alimento, o una sanación con el poder que la médica todos dicen posee. La médica pudo administrarle un preparado de aquella misma planta, porque lo interpreta como la intensión del visitante, o simplemente porque así acostumbra responder cuando alguien le trae una planta para ella desconocida. La médica o médico probaría el preparado durante la misma sesión, saboreando por vez primera su amargor. La sensibilidad y experiencia del médico le asistirán para medir las dosis en busca de un efecto benéfico o, muy importante, evitando uno nocivo. Entre otras cosas conoce lo que tarda en asimilarse un agente ingerido por vía digestiva. Médico y paciente ingieren una dosis pequeña primero, y van doblando la medida cada tanto. Pasan varios tantos y la ingesta acumulada comienza a surtir curiosos efectos.

El paciente ha cambiado de actitud. Probablemente ya no se queja de un malestar. El mismo médico percibe cambios: mayor serenidad, especial lucidez, colores y sonidos nítidos. Podrá suceder que el médico vaya a cantar toda la noche y el día siguiente, agradecido ante los dioses por el hallazgo, extasiado por la revelación. Los niños dirán que se ha vuelto loco. Los mayores reconocerán que así es el médico del pueblo. Y que algo debe tener de buena su locura pues mira, ya curó a otro enfermo más.




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EL ENCUENTRO CON EL ESPÍRITU DEL HÍKURI (PEYOTE) Por: Proserpina Real Cuentan los ancianos, que hace mucho, mucho tiempo en la sierra huichola se reunieron los abuelos, para platicar de la situación en la que se encontraban. Su gente estaba enferma, no había alimentos, ni agua, las lluvias no llegaban y las tierras estaban secas. Decidieron mandar de cacería a cuatro jóvenes, con la misión de encontrar alimento y traerlo a su comunidad para compartir, fuera mucho o poco. Cada uno representaba un elemento, es decir el fuego, el agua, el aire y la tierra. A la mañana siguiente emprendieron el viaje los cuatro jóvenes, cada uno llevando su arco y su flecha; caminaron días enteros, hasta que una tarde de unos matorrales saltó un venado grande y gordo. Los jóvenes estaban cansados y hambrientos, pero cuando vieron el venado se les olvidó todo; comenzaron a correr detrás de él sin perderlo de vista. El venado veía a los jóvenes y se compadeció. Los dejó descansar una noche y al día siguiente los levantó para seguir con la persecución. Así transcurrieron semanas hasta que llegaron a Wirikuta (desierto de San Luis Potosí y camino sagrado de los huicholes). Estaban justo en la puerta al lado del cerro de las Narices, en donde habita un espíritu de la tierra y vieron al venado que brincó en esa dirección; ellos juraban que se había ido por ahí, lo buscaron pero no lo hallaron. De pronto uno lanzó una flecha que fue a caer en una gran figura de venado formada en la tierra de plantas de peyote. Todas juntas brillaban con el sol, como esmeraldas mirando a una dirección. Confundidos los jóvenes con lo sucedido, decidieron cortar las plantas que formaban la figura del venado (marratutuyari) y llevarlas a su pueblo. Después de días de camino llegaron a la sierra huichola donde los esperaba su gente. Se presentaron de inmediato con los abuelos y contaron su experiencia. Comenzaron a repartir el peyote (híkuri) a todas las personas, que después de un rato los curó, alimentó y les quitó la sed. Desde ese momento los huicholes veneran al peyote que a mismo tiempo es venado y maíz, su espíritu guía. Así cada año, hasta nuestros tiempos, siguen andando y peregrinando, manteniendo viva esta ruta de la sierra huichola hasta Wirikuta, para pedirle al Dios, lluvias, sustento y salud para su pueblo. Pampariusi (gracias en la lengua Wirrarika)
03/08/2011 | 14:45
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