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Seguridad pública

La prohibición es la causa
Drogas y violencia
La raíz de la violencia


La crisis institucional y social que vive México hace urgente una reflexión en torno a las políticas de corte prohibicionista. Jorge Hernández Tinajero,...Estamos en un momento crítico como país –con una guerra de grandes costos humanos y materiales a la que no se le ve fin; con todas las instituciones democráticas bajo amenaza por violencia, corrupción...
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Drogas y violencia

Jorge Hernández Tinajero

Miércoles 15 de junio de 2011 (24/08/11)
Revista Conspiratio ver en conspiratio.com.mx

La crisis institucional y social que vive México hace urgente una reflexión en torno a las políticas de corte prohibicionista. Jorge Hernández Tinajero, politólogo especialista en políticas de las drogas y presidente de CuPIhD, da los argumentos que demuestran que la relación entre las drogas y la violencia no es indisoluble. De hecho, es necesaria una distinción muy clara entre el consumo de drogas y su ilegalidad, misma que constituye el principal factor generador de violencia debido a la corrupción y los intereses asocioados a él. La situación no mejorará mientras el Estado sea incapaz de mantener el monopolio de la violencia asociada a su prohibición, e insista en una política de salud pública ambigua



Estamos en un momento crítico como país –con una guerra de grandes costos humanos y materiales a la que no se le ve fin; con todas las instituciones democráticas bajo amenaza por violencia, corrupción e impunidad; y ante un proceso electoral ya en marcha, pero con un gran descrédito de los institutos e instituciones políticas.

Ante este cúmulo de circunstancias, agravadas sobre todo por el derramamiento de sangre de inocentes, distintas voces críticas comienzan a encontrarse desde ángulos y experiencias significativas –derechos humanos y de minorías, víctimas del crimen y la violencia criminal o del Estado– en un diálogo que, si bien prometedor, aun no encuentra la manera de transmitir sus distintas exigencias en una sola voz articulada.

Mucho se ha hablado últimamente en la opinión pública de México, pero especialmente desde las instancias del Estado directamente involucradas, sobre la relación entre drogas y violencia, al grado que pareciera darse por sentado que existe un vínculo indisoluble entre ambos mundos.

Sin embargo, lo cierto es que dar por sentado tal precepto, y elevarlo casi al nivel de dogma sin examinar algunos importantes matices, ha tenido consecuencias desastrosas no sólo para la nuestra, sino también para muchas otras sociedades.

Con la divisa moral de salvarnos de prácticas y hábitos milenarios de alteración de la conciencia con diferentes sustancias, el Estado ha adoptado, a nivel internacional, una moral privada que privilegia unas drogas sobre otras, para convertirla en una política pública cuyos resultados parecieran, en este momento, ponernos al borde del abismo como sociedad.

Por ello, es imprescindible detenernos un momento en este punto particular, y hacer una primera distinción entre el consumo de drogas y su tráfico ilegal. Tal consideración coloca nuestras propias circunstancias en una perspectiva que nos permite hacer unas cuantas preguntas: ¿cuántos mexicanos han muerto por el uso de marihuana en el último año?, ¿cuántos por cocaína y sus derivados?, ¿cuántos por opiáceos inyectables? ¿Cuál es el impacto de estos consumos en la productividad de los mexicanos, en su vida personal y familiar? La vederdad, poco sabemos y lo que sabemos no es muy concluyente [...]

[Fragmento]

Por otra parte, para nadie es un misterio que los narcotraficantes buscan ampliar sus mercados por todos los medios que tienen a su alcance, especialmente entre franjas de la población vulnerables al uso de drogas, como los jóvenes.

Estos esfuerzos incluyen un control violento para terriotorios con prácticas que pretenden -y necesitan- ser monopólicas: corrupción de funcionarios píblicos, infiltración de instituciones sociales, económicas y políticas, control de autoridades clave, dominio de tecnologías y procesos productivos especializados y redes comerciales ilegales, entre otras.

Una reforma en política de drogas significaría en este sentido, planteamientos serios que permitan al Estado retomar el control estricto de actividades que, debido a las políticas actuales, se encuentran en manos de intereses y organizaciones criminales cuya principal fortaleza estriba en la renuncia voluntaria del Estado a tales obligaciones regulatorias, para acentuar una respuesta de corte violento hacia ellas.

[Fragmento]

Por su parte, parece que las exigencias ciudadanas en materia de seguridad y Estado de derecho comienzan a voltear hacia la reforma sobre las drogas como parte de la solución. Y tienen razón, ya que la reforma en política de drogas es una condición necesaria pero no suficiente para mejorar nuestra actual situación. La sociedad parece madura ya para discutir alternativas. El problema es que la clase política y nuestras autoridades carecen aún de la capacidad y voluntad para plantearse el tema con honestidad, autocrítica y, sobre todo, con realismo.

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ricardelico :
'...la necesidad de regular cada una de esas substancias según sus características específicas, midiendo verdaderamente el impacto social que cada una conlleva, en lugar de establecer una distinción simplista entre lo legal y lo ilegal que acentúa las contradicciones de una política de salud pública que mezcla ambiguamente nociones de seguridad..."
26/08/2011 | 20:34
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