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Estimulantes tipo anfetamínico.
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Territorio del éxtasis
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Las fiestas Rave en México, importadas hace tres años de Europa, han cobrado gran importancia entre la juventud. Cada fin de semana, en...Una cosa debe quedar clara: Rave no se entiende sin éxtasis. Sin éxtasis —"tacha", para los amigos, narcótico preferido en estos lares— Rave es una cacofonía de música martillante, a niveles decibélicos endemoniados, de...
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Territorio del éxtasis

Jessica Kreimerman

18 de diciembre de 1994 (01/04/08)
Reforma ver en busquedas.gruporeforma.com

Las fiestas Rave en México, importadas hace tres años de Europa, han cobrado gran importancia entre la juventud. Cada fin de semana, en distintos puntos de la Ciudad, cientos de jóvenes se amanecen estimulados por el baile y



Una cosa debe quedar clara: Rave no se entiende sin éxtasis. Sin éxtasis —"tacha", para los amigos, narcótico preferido en estos lares— Rave es una cacofonía de música martillante, a niveles decibélicos endemoniados, de luces intermitentes que parecen escenas de una película muda en cámara rápida. Rave desde afuera es un montón —cientos, miles— de adolescentes y jóvenes adultos saltando, bebiendo, abrazándose, experimentando sus sentidos. Rave, para el novato es una fiesta donde homosexuales y heterosexuales conviven sin los resentimientos usuales. A Rave se viene a bailar. Horas y horas y horas. Se viene a sentir. Y no lo sientes sin la "tacha".

La gente que va a una fiesta de ésas y no se mete nada sale diciendo que qué fea fiesta, dice Juan José, cliente regular de estos reventones posmodernos.

Desde adentro, Rave es armonía. Así lo describen sus aficionados, sus seguidores. Estos lugares están llenos de buenas vibras y hermandad, colores, luces y movimiento. Aquí te hablan de amor, de respeto, de individualidad aunada a la comunidad, de espíritu animal —somos tribu, nuestro corazón late unido— y la música ya no entra por los oídos, sino por la piel, por las plantas de los pies, por las paredes.

"¿Qué sientes?" —"Siento amor".

Guada, 17 años, fotógrafa, alta, elegante, se sienta encima de una bocina que le hace vibrar todo el cuerpo y siente amor.

ADOPTADA Y ADAPTADA

Rave es una importación cariñosamente adoptada y adaptada. Vino de Europa, saltó por Estados Unidos y, mientras muere lentamente allí, prospera en México. Sus fanáticos trabajan no con fin de lucro —aunque también hay de esos que están, parece, despurificando el concepto al introducir más y más personas, ergo más y más ingresos, y permitiendo más y más drogas y alcohol— sino con el afán de proporcionar a los jóvenes una alternativa lúdica.

Las discotecas están "out". Rave está "in". Dicen los que saben que ya desde hace muchos meses cada fin de semana, desde el jueves hasta el sábado, hay por lo menos una, dos y hasta tres fiestas Rave en la Ciudad.

El verbo "to rave", en español, quiere decir entusiasmarse, pero también es delirar. Para poder entender el concepto hay que imaginar, mientras se lee este artículo, un martillo azotado sin pausa en una mesa de madera, ese ritmo coordina los movimientos de los fieles en la fiesta. Se meten en un trance, en un fervor colectivo alimentado por la música, las drogas, las lámparas fluorescentes y el láser, y bailan y bailan y bailan.

La música es Techno -"Bacalao" en España—, repetitiva, diferenciable sólo por los fanáticos y los "deejays", quienes manejan el ritmo según su personalidad. Las bebidas son inteligentes, los "smart drinks", la vanguardia de la nueva sociedad, que se venden exclusivamente en estos lugares y que llenan al consumidor de suplementos multivitamínicos, aminoácidos, antivejez, pro-memoria, pro-neurona, pro-alerta mental. Reviéntate y mejora tu coeficiente intelectual.

Son las cinco de la mañana. ¿Sabes dónde están tus hijos?

El pasado viernes, antes de que saliera el sol, estaban en el "Purgatorio", en medio del infierno y del cielo. Bailaban sobre aserrín, se veían reflejados en el papel celofán de las paredes. Sus ojos se hacían borrosos con el hielo seco y con las visiones de nubes por donde flotaba un ángel con alas —un ángel chaparrito, vestido de blanco, que bailaba con una mujer cigüeña, alta, muy delgada, ajuareada de negro, sus botas más allá de sus rodillas y cortes en la minifalda que mostraban sus atributos a la perfección. Escuchaban a Mar-T-9000, deejay que, según Marcos, arquitecto de veintipocos años, es el mejor exponente de la música techno en el País.

Así se divierten los jóvenes de hoy en estas celebraciones multitudinarias, recreaciones de los sesentas, de alguna manera, con un toque cósmico. Las mujeres disfrutan recogerse el pelo con broches que usaban cuando eran niñas. Son mayores de edad, pero prefieren parecer Lolitas, ninfetas en minifalda y botas color plata. Si quieren ligar, éste no es el lugar apropiado, aunque no faltan don juanes con barros en la cara que buscan un espacio entreabierto para penetrar la terca individualidad de la experiencia Rave.

EL FUTURO

No hay comunicación, dice Mónica, quien antes bailaba cada fin de semana en fiestas Rave.

Estamos hablando del futuro, de la evolución de música que sólo ellos pueden entender. Olvida a Frank Sinatra y a los Doors. La música techno representa el porvenir que ya llegó. Aquí rara vez existen las palabras, ni para comunicarse unos con otros -no pueden, porque la música se interpone— ni para vocalizar una canción mientras la bailan. El lenguaje es el movimiento.

Los invitados y sus allegados pueden ser entre 800 y 5 mil personas, que pagan unos 100 pesos los hombres y 50 las mujeres para reunirse en sitios que rentan: teatros abandonados, fábricas viejas, Teotihuacán, una gruta, una bodega, el Poliforum Siqueiros. Los organizadores los decoran —mucho, poco, nada—, y crean temas alrededor de sus reventones. Purgatorio, Libido, Polución y Artificial Paradise, entre otros. Y añaden luces, potentes bocinas, contratan a disc jockeys —deejays— y esperan a que llegue la gente.

"El nombre es lo de menos", dice un folleto anunciando el último Rave del año, Metamorfosis. "Así sea Rave, party, reven, fiesta, etcétera. La esencia fundamental es divertirse mezclando las razas, religiones e ideas en un concepto universal, y lo más importante: de libertad, sin que quiera decir agredir o molestar. Esto es salir de la monotonía y vivir una noche con gente que tal vez nunca más vayas a volver a ver".

Algunos son exclusivos. Te hacen esperar. Verifican que no tengas drogas, aunque, inevitablemente, éstas entran. Si los guardias notan el consumo de sustancias ilegales, tienen órdenes explícitas de evacuar al responsable y contactar a la Policía.

Xavier Fux, joven de 26 años que trajo, a fines de 1991, la primera fiesta de este tipo, con ideas prestadas de Ibiza, insiste en que no se necesita la pastilla de éxtasis para estar bien. Su voz se une a muchas otras que advierten la posibilidad destructiva de la combinación de éxtasis y alcohol, que puede provocar choques internos.

El y otros puristas del Rave preferirían que se induzca al trance de manera natural, simplemente con la música y las luces y los cuerpos alrededor. Pero convencen a pocos. Hay alcohol —anatema, dice Alexis, vendedor de Smart Drinks, en países con Raves más avanzados, pero México es México— además de marihuana, peyote, ácido y, claro, éxtasis.

"¿Qué sientes?" -"Poca madre".

EN TORNO AL 'DJ'

El movimiento Rave ya no es para amateurs. Son nueve las compañías que se encargan de organizarlo, que gastan unos 40 mil nuevos pesos en renta del local, en bebida, en guardias de seguridad, en la impresión de invitaciones, en la paga de los "deejays". Y los "deejays" son importantes, son el elemento que jala a los fieles a llegar a una fiesta y no a otra.

"La gente los sigue", dice Marcos, "y en eso se van a diferenciar las fiestas buenas de las malas. Ahora hay más fiestas que 'deejays'. Uno bueno es aquel que, imagínate, todo el cuarto, cientos de personas, bailan alrededor de esta otra, y después de estar poniendo rola tras rola tras rola toda la noche, logra, sin decir una palabra, que todos levanten las manos al mismo tiempo".

Marcos asegura que existe un elemento sadomasoquista, de malas energías, de música oscura, de vibras oscuras, de manera de ser oscura. Sin embargo, aquí no hay peleas de bares. No hay duelos entre machos disputándose una hembra. "¿Quieres llevarte la chava que yo me ligué? No hay problema. Nada más no se te olvide, antes de irte, de darme su teléfono. Armonía".

¿Y el éxtasis?

Es una dulzura, dice Andrés, quien siguió la "ruta del bacalao" de fiesta en fiesta, de ciudad en ciudad, de Rave en Rave, de éxtasis en éxtasis, en su país natal, España. "Es otro viaje, no de alucinaciones, sino de almas corporales, que te expande tus sentimientos, que te da un gran confort".

Una pastilla de éxtasis cuesta 100 pesos, y el viaje dura entre cuatro y ocho horas. Un viaje con luces y sonido al por mayor.

"¿Qué sientes?" "Con el ácido, veo otra dimensión. Te metes dentro de ti y ves las caras de las personas que se empiezan a mezclar, y ves la luz que pasa a través de ellos y ves sus verdaderos colores. Tú, por ejemplo, eres azul".

"Rave propone un sentido de comunidad global. Es una cosa en donde no importa qué hacías hace dos semanas, qué tipo de música oías, ahorita estás aquí, bailando junto a mí, en el mismo ritmo. La característica es que te atrapa. Te empieza a gustar y te envuelve".

Los jóvenes mexicanos se sienten particularmente orgullosos de participar en este movimiento internacional. "Es rico" pertenecer a una verdadera generación y no estar colgado en el clóset mientras el resto del mundo escribe lo que será la historia.

"Los hippies son dos generaciones antes que nosotros, y el movimiento anterior más reciente fue el grunge", dice Alexis, quien en el curso de la noche venderá unos 45 litros del PLOP Smart Bar, su jugo supersonic cybersonic, que da energía y memorizantes, y su elixir, que se acerca más a una descarga de energía.

"Aquí sólo llegaron como ocurrencias tardías. Pero el Rave se da a la par en México que en el resto del mundo. Es algo importante. Estamos forjando un movimiento aquí, nosotros los jóvenes".


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