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La PGR: un dilema [columna La ciudad y el crimen]
Adopta CE plan de acción para reducir uso de drogas en Unión Europea


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La PGR: un dilema [columna La ciudad y el crimen]

Rafael Ruiz Harrell

Lunes 28 de febrero de 2005 (14/03/05)
Reforma ver en reforma.com

Las acciones de la Procuraduría General de la República, la PGR, plantean un curioso problema: si se atiende a sus resultados son muy superiores a La PGR: un dilema



Las acciones de la Procuraduría General de la República, la PGR, plantean un curioso problema: si se atiende a sus resultados son muy superiores a los que obtienen las procuradurías estatales, pero en relación a la criminalidad oficialmente reconocida son muy menores.

 

 

Puesto en cifras: en el 2001 los delitos del orden común sumaron un millón 445 mil 032. El año pasado llegaron a un millón 419 mil 758, o sea 1.7 por ciento menos. En el mismo lapso los delitos federales, crecieron de 68 mil 848 a 81 mil 539, o sea que aumentaron 18.4 por ciento. La conclusión aparente es inevitable: aunque la PGR diga estar haciendo mejor su trabajo lo cierto es lo contrario.

 

Como se verá, el hecho obliga a reconsiderar ciertos principios que se dan por supuestos.

 

 

Los Aciertos

 

 

Es imposible negar que la Procuraduría General de la República ha obtenido logros importantes. Los más obvios son los que ha conseguido frente al narco. Aunque no hay cartel de la droga que haya reducido o abandonado sus actividades, no hay duda que en este sexenio hay más capos en prisión que en administraciones anteriores.

 

El acierto fundamental de la PGR está vinculado a este punto. Los índices de impunidad que ha logrado mantener en este sexenio son muy bajos: 55.9 por ciento en promedio del 2001 al 2003 frente al 87.6 por ciento que registran las procuradurías de las entidades federativas en el mismo lapso. O para decirlo de otra forma: las procuradurías locales presentaron ante el juez a 12.4 presuntos responsables por cada 100 delitos que llegaron a su conocimiento en esos años. La PGR hizo lo mismo en el 44.1 por ciento de los delitos federales, de tal manera que fue tres veces y media más eficaz.

 

Otro tanto puede decirse en relación a los sentenciados: la PGR logró que en el 37.5 por ciento de los delitos federales conocidos de 2001 al 2003 cuando menos una persona fuera sentenciada por un tribunal penal. Las procuradurías de las entidades federativas lo consiguieron sólo en el 8.7 por ciento de los delitos que registraron. En términos de sentenciados, la PGR fue 4.3 veces más eficaz que sus contrapartes del orden común.

 

El punto es relevante porque procuradores y secretarios de seguridad pública coinciden en afirmar que la mejor manera de abatir la delincuencia es aumentar la proporción de delincuentes que reciben un castigo. O lo que es igual: a menor impunidad, menos delincuencia. Puesto en términos de los delitos locales: si en lugar de que quedaran sin castigo 913 delincuentes de cada mil, se consiguiera que fueran sólo 625, se cree que la criminalidad estaría bajo control.

 

Por desgracia, en el orden federal y a pesar de los aciertos de la PGR, no pasa nada de eso y en lugar de reducirse, la delincuencia es cada vez mayor, mientras que las procuradurías estatales, aun permitiendo índices de impunidad muy graves, conservan la delincuencia estable. El dilema es evidente: algo en esto no funciona.

 

 

Primera Hipótesis

 

 

Es posible que la diferencia se deba a la distinta índole de los delitos que ha de controlar la PGR y los que han de perseguir las procuradurías del orden común. La primera se enfrenta sobre todo al narcotráfico, o sea a una delincuencia organizada que maneja grandes sumas de dinero y puede, en consecuencia, reforzar su estructura y corromper a quienes la persiguen. Los crímenes del orden común, en cambio, son cometidos en buena medida por individuos aislados y sólo en mínima proporción —no más del 17 por ciento—, por bandas organizadas, como sucede con el robo de vehículos y los secuestros. Luego es mucho más difícil reducir la primera que la segunda.

 

Por desgracia hay dos circunstancias que demeritan la explicación anterior. Una es que es precisamente en los robos de vehículos y en los secuestros donde las procuradurías estatales han obtenido algunos de sus logros más señalados. Del 2001 al 2004 los robos vehiculares bajaron 4.6 por ciento y los secuestros 33.5. Los delitos federales contra la salud, en cambio, subieron en el mismo período 31.1 por ciento.

 

La segunda es que al examinar más en detalle las tareas de la PGR resulta que de cada 100 acciones que emprende en materia de salud, 30 están dirigidas contra los narcotraficantes, pero el resto, o sea 70, tienen como blanco a los narcodependientes a los que se descubre en posesión de drogas o estupefacientes de uso ilícito. Como bien se sabe perseguir a los usuarios es de muy reducida eficacia.

 

 

Segunda

 

 

No es fácil que una procuraduría incremente de manera sustancial el número de presuntos responsables que detiene. Cuando esto llega a ocurrir se debe, de manera casi invariable, al hecho de que se multiplicó la delincuencia. La PGR mantuvo un promedio de 30 mil 183 presuntos por año de 1995 al 2002 con muy ligeras variaciones. Si en el 2003 la cifra subió a 35 mil 575 —24.8 por ciento más que en el 2000—, es porque la delincuencia federal también subió.

 

Un hecho lo confirma: el número de plantíos destruidos subió 17.9 por ciento del 200 al 2004. Ahora bien: si cada año se destina a esa tarea el mismo número de hombres y los mismos recursos y la cantidad aumenta no es porque sean más eficaces, sino simple y llanamente porque hay más plantíos. Si detuvo a más presuntos es por el mismo motivo: hay más delitos federales.

 

 

Tercera

 

 

A las explicaciones anteriores, que por supuesto son complementarias, debe añadirse una tercera: es necesario revisar el dogma que alienta las tareas de todas nuestras procuradurías, o sea tanto de la federal como las del orden común, y admitir que la prisión no es un medio eficaz para controlar el crimen. Pensando sólo en este fin, las cifras apuntadas demuestran que tanto da sancionar a 8.7 como a 37.5 de cada cien delincuentes.

 

Preciso el punto: castigar a quien comete un delito es imprescindible y cumple un importante papel social, sólo que no sirve para abatir la delincuencia. Lo que hace la PGR no es inútil, pero de esa manera jamás conseguirá controlar al narcotráfico ni disminuir la delincuencia federal.

 


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