Loading
Buscar en Drogas México

   

Contexto y lecciones :: Drogas México
autor

Juan Gabriel Valencia

[ No hay fichas posteriores ]
Contexto y lecciones
[ No hay fichas anteriores ]


Para Humberto Moreira,con respeto y solidaridad *** La diferencia entre un estadista y un político más del montón es que el primero reconoce los retos a enfrentar y elige los tiempos oportunos. En el espinoso y grave tema, en grado superlativo, de la lucha contra el crimen organizado, Felipe Calderón no actuó como estadista. No...
OCT
9
2 0 1 2
0 comentarios


Contexto y lecciones

Juan Gabriel Valencia

Martes 9 de octubre de 2012 (09/10/12)
Milenio ver en milenio.com






Para Humberto Moreira,con respeto y solidaridad
***
La diferencia entre un estadista y un político más del montón es que el primero reconoce los retos a enfrentar y elige los tiempos oportunos.

En el espinoso y grave tema, en grado superlativo, de la lucha contra el crimen organizado, Felipe Calderón no actuó como estadista. No soy de aquellos que sostienen que ese 10 de diciembre de 2006, cuando el Presidente ordenó desplegarse al Ejército en Apatzingán, lo haya hecho para legitimarse. Más bien queda la impresión de que en una coyuntura en apariencia local decidió actuar sin un diagnóstico, sin una estrategia y mucho menos sin metas y plazos precisos de consecución. Pensó que era un fenómeno relativamente focalizado en el territorio nacional y resultó ser un cáncer generalizado no extirpable en una sola operación, con daños colaterales que ya afectaban por entero al organismo social.

No era un problema del uso eficaz de la capacidad de coacción del Estado. No solamente. El crimen organizado era la manifestación de una incapacidad inveterada del gobierno de la República y de nuestra sociedad para evitar la impunidad. Uso la palabra evitar porque no se trata solo de perseguirla, sino de prevenirla. Perseguirla es función de la fuerza pública, cuya utilización de esa propia fuerza en ocasiones acelera la espiral de la violencia. Ya no se trata únicamente de perseguir delincuentes. Se trata dematar o morir y eso es inacabable.

El gobierno de Felipe Calderón no estaba dotado en lo intelectual y en lo institucional para emprender las tareas que se impuso. Algunos dirían también en lo moral. Es una discusión de callejón sin salida. El hecho es que de la incursión de aquel 10 de diciembre se pasó en una primera etapa con muertos en 50 municipios hasta llegar a la fecha a 450 municipios del país en los que ha habido ejecuciones del narco sin considerar a otras demarcaciones y otro tipo de delitos vinculados de manera estrecha al crimen organizado sin ser tráfico de drogas, propiamente dicho. Ni yo he escapado a eso.

El gobierno federal desató una espiral de violencia sin medir las consecuencias, faltándole herramientas esenciales para la eficacia jurídica, no solo mediática, de su mal llamada estrategia. Carente de experiencia, de ministerios públicos, de legislación ad hoc. No había andamiaje de seguridad ni de administración de procuración de justicia para enfrentar las consecuencias de lo que la estrategia estaba propiciando, y no caigo en lo de la falacia de “la guerra de Calderón”. Los más de 60 mil muertos son resultado de políticas fallidas y aisladas de un Estado frágil y de una voluntad política acrítica y obsecuente con Estados Unidos.

Pero si las carencias del gobierno eran muchas y el Presidente no las advirtió, las deficiencias de la sociedad mexicana eran mayores y causales de lo que hemos presenciado a lo largo de cinco años, 10 meses. El presidente de la República no entendió que el crimen organizado en México es un fenómeno de aculturación resultante de un acelerado deterioro de todas las instituciones sociales intermedias en los últimos 10 años, desde la familia, la escuela, las universidades, las agrupaciones patronales, los sindicatos, las iglesias, los partidos políticos, los medios de comunicación. Si nada de eso funciona bien, ¿cómo queremos que no se relativice un régimen de libertades que formalmente, con muchos avances, garantiza nuestra democracia, al mismo tiempo que hay grupos de población cuya cultura relativiza todo, desde la infracción menor, sin consecuencias, hasta el asesinato del hijo de un ex presidente del PRI nacional o dos genocidios de migrantes perpetrados a la usanza nazi en Tamaulipas?

Calderón tenía prisa y sin reconocimiento de los tiempos fue incapaz de entender la complejidad de la cultura de violencia extrema subyacente que, por cierto, el PAN y López Obrador discursivamente se dedicaron a azuzar durante seis años por sus propias razones.

La mezquindad y la violencia han enraizado en nuestro modo de vida, a escala menor o mayor. Calderón no hizo nada por impedirlo. Ojalá en el equipo de Peña Nieto haya alguien o algunos que le digan al presidente en funciones que la delincuencia se combate con fuerza, instituciones sociales intermedias y valores culturales. La prisa y la acción aislada solo conducen a un Estado que nos lleva al umbral, para usar el título de la novela de André Malraux: El tiempo del desprecio.

ver en milenio.com


estás viendo:
Contexto y lecciones
volver arriba


comentarios
Entrar para agregar comentario:
entrar


DrogasMexico.org es un proyecto de Convivencia y Espacio Público AC y el Colectivo por una Política Integral hacia las Drogas AC.
Agradecemos el apoyo de Open Society Foundation, Angelica Foundation y Tides Foundation